(Viene de la entrada anterior)
En aquel primer número, los cuatro protagonistas se embarcaban en un cohete experimental y tras atravesar una tormenta de rayos cósmicos, adquieren unos poderes extraordinarios. El arranque de la nueva serie tenía mucho en común con otra colección de la que se había encargado Kirby años atrás en DC, “Challengers of the Unknown”, un grupo de cuatro aventureros que investigaban misterios de todo tipo. Kirby y Lee llevaban ya mucho tiempo contando historias de monstruos, robots y extraterrestres malignos y en la presentación de la colección y puesta de largo de los recién conseguidos poderes de los protagonistas volvieron a utilizar esos mismos elementos en la forma del primer villano de la colección, el Hombre Topo, un individuo patético que, refugiado en las grandes cavernas del subsuelo, ha conseguido dominar las enormes y grotescas criaturas que allí moran.
Reed Richards era el sabio del grupo y su líder natural. Como anécdota cabe mencionar que

Los poderes de los Cuatro Fantásticos eran analogías con los elementos naturales. La elasticidad de Mr.Fantástico simbolizaba el agua y no era una habilidad nueva en los comics. Cuatro personajes antes que él ya habían disfrutado de un cuerpo elástico: Flexo the Rubber Man, un personaje de la propia Marvel, Plastic Man, creado por Jack Cole para Quality Comics; y Elongated Man y su compañero Elastic Lad, ambos en DC. En el resumen original de Stan Lee, Reed experimentaba un gran dolor cuando se estiraba. Aunque Kirby rechazó la idea, ello ponía de manifiesto el concepto de Lee de superhéroes con defectos.
Algún tiempo después, Lee le contó a Roy Thomas que siempre creyó que los poderes elásticos de Reed le habían parecido cómicos y que no quería convertirlo en otro Plastic Man. Al final, resultó que no tenía de qué preocuparse, porque la aportación de Kirby fue lo suficientemente oscura y heterodoxa como para dejar que eso ocurriese. Tal y como fueron las cosas, el cerebro de Richards ganaría más batallas para el grupo que sus superpoderes. En este sentido, Reed siempre se acercó más a Doc Savage que a cualquiera de sus antecesores elásticos.

Sue Storm era también algo más que una mera copia de “Invisible Scarlett O´Neil”, la

Su belleza la convirtió en el vértice de triángulos románticos, el primero de los cuales incluía a Ben y Reed, idea de Stan Lee que fue abandonada tras el tercer episodio. Después, Sue animó y correspondió las ofertas de Sub-Mariner, iniciando una rivalidad entre Reed y Namor que duraría años. Este amor prohibido entre una superheroina y un villano no tenía paralelo en la historia de los comics. Lee afirma que también consideró el convertir a Susan en el objeto de deseo del Dr.Muerte, lo que hubiera explicado su obsesión con destruir a Mr.Fantástico. Para bien o para mal, aquella intención nunca llegó a sustanciarse.
Desde el principio, el papel de la Chica Invisible como el elemento integrador del conjunto siempre fue más importante que su propio superpoder (símbolo de otro elemento natural, el aire). Como hermana de la Antorcha Humana y novia de Reed, constituía el nexo que los mantenía a todos juntos hasta rozar lo incestuoso (línea que los autores traspasarían años más tarde con los Inhumanos). Sue era el corazón de un lazo sin precedentes en el género: gracias a ella, los Cuatro Fantásticos eran una verdadera familia. Esa fue su auténtica contribución.

Hasta 1961, la inmensa mayoría de adolescentes que aparecían en los comics de superhéroes no eran más que “ayudantes” del protagonista principal, adjuntos cuya única función era evitar que su adulto compañero hablara solo: Robin, Wonder Girl, Kid Flash, Speedy… Existía también la Legión de Superhéroes, que no dejaban de ser un grupo bastante rancio de jovencitos que luchaban contra el Mal. La Antorcha Humana fue el primero que dejó de encajar en el rol de “chico maravilla”. La principal diferencia era, sencillamente, que “molaba”. Incluso su nombre sonaba a ídolo juvenil de los sesenta. Su moderna forma de hablar lo hacía convincente, como también su temperamento exhibicionista y presumido que le lleva a utilizar sus poderes para impresionar a las chicas, asunto éste que parece interesarle más que enfrentarse a los villanos de turno.
Pero el miembro que realmente hizo del grupo algo nunca visto fue La Cosa, el único personaje

La Cosa que debutó en el número 1 de la colección no se parecía a ningún otro superhéroe. Tenía una carne anaranjada y de aspecto rocoso y siempre estaba de mal humor. Sembraba el pánico por las calles de Nueva York como un mastodonte herido, destrozando todo lo que se interponía en su camino.
La idea de que la obtención de superpoderes pudiera conllevar miseria y alienación era algo nuevo. Afirma Lee: “Quería algo diferente y me di cuenta de que no había monstruos o tipos feos que fueran héroes. Todos sus compañeros tenían poderes que les gustaban, pero cuanto La Cosa se vuelve poderoso también se transforma en algo grotesco”. Semejante trastorno emocional marcó al personaje y condicionó su vida en mucha mayor medida que los poderes de sus compañeros. Su autocompasión y frustración a

Además, abundando en la brecha que lo separaba de sus más afortunados amigos, Lee hizo que Ben Grimm, a través de su lenguaje y actitud, sugiriese provenir de un pasado menos burgués y privilegiado que el de aquellos. Con sus quejas y gruñidos continuos, la Cosa se convirtió no sólo en el alma de los Cuatro Fantásticos, sino en prototipo de muchísimos héroes posteriores de carácter irascible y amargado. Pero no todo era malo: era alguien honrado, directo y sin pretensiones. Su humor sarcástico y personalidad arrolladora lo convirtieron en el personaje preferido de los lectores.
Eran pues, las imperfecciones de los Cuatro Fantásticos lo que constituía el esqueleto de la colección. Sus superpoderes eran secundarios. Eran sus defectos, sus inseguridades, lo que los hacía frescos, atractivos y diferentes. Lee dejó bien claro en su sinopsis original que lo que impulsaba a la serie eran las luchas de poder, los triángulos amorosos y las imperfecciones de los personajes más que la acción o el misterio.
Esas debilidades y sus bien diferenciadas personalidades fue lo que condicionaría las relaciones

Asimismo, y para diferenciarlos todavía más de otros tebeos anteriores y contemporáneos, no llevaban uniformes (introducidos en el nº 3 a demanda de los lectores junto a su cuartel general en el Edificio Baxter) y ni siquiera usaban máscaras o identidades secretas. Este carácter totalmente público de sus actividades era algo único, poniéndoles siempre en el punto de mira de la opinión pública para lo bueno y para lo malo. En sus historias no sólo se encontraban amenazas sobrehumanas o alienígenas amenazadores, sino pequeñas anécdotas cotidianas que los acercaban al lector.

Hemos hablado antes del lenguaje que utilizaba La Cosa. El estilo literario fue otro de los factores diferenciadores de la serie. “¡Mirad! ¡En el cielo! ¿Qué demonios significa?” Con esa frase se abría el comic a la que seguían un buen número de diálogos en los que se plasmaba un habla coloquial –difícilmente traducible al español- que los jóvenes lectores no habían encontrado nunca en los escrupulosamente correctos tebeos de DC. Las expresiones eran coloristas, la forma de escribir las palabras, arbitraria, e incluso una frase meramente declarativa se remataba con signos de exclamación. Era un estilo visceral, directo, al que la industria no estaba en absoluto acostumbrada. Sin tener que rendir cuentas ante editor alguno ni autoridad superior que corrigiera su descarado estilo, Stan Lee hizo lo que mejor le pareció.
Aún faltaban por refinar y encarrilar varias cosas, claro, en especial el apartado artístico y de

Eso sí, con todos sus defectos, las bases de la genialidad ya se encontraban allí, unas bases que han perdurado hasta el día de hoy sin necesidad de alterarlas. Es más, el comic tenía una vitalidad ausente en la industria desde hacía bastante tiempo. Parecía una serie oscura y subversiva, el antídoto perfecto para los antisépticos comics de Superman. Era, en todos los sentidos, la némesis de la Liga de la Justicia.

Sea como fuere, algo detectaron los lectores más allá del convencional argumento y el aspecto

Pero lo cierto es que al principio, el propio Lee no se sentía muy seguro sobre si había acertado o no con la dirección que había imprimido al nuevo comic. Pronto, no obstante, se daría cuenta de las grandes posibilidades de la misma y, con el tiempo, los Cuatro Fantásticos se convirtieron en el principal soporte para contar algunas de las más sorprendentes aventuras del género además de ser la cabeza de playa para el desembarco de todo un nuevo catálogo de personajes que llevarían a Marvel al lugar que hoy ocupa.
(Continúa en la siguiente entrada)
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