27 sept 2026

2000- MIDNIGHT NATION – J.Michael Straczynski y Gary Frank


El subgénero de la Fantasía Urbana parte de un principio muy sencillo: nuestro mundo cotidiano oculta otra realidad sobrenatural que existe simultáneamente a la nuestra. No hay que viajar a un reino fantástico lejano para correr una aventura, porque lo extraordinario se encuentra en las mismas calles, edificios y ciudades que ya conocemos.

 

Esa es la premisa sobre la que se asienta “Midnight Nation”, una miniserie de doce números publicada originalmente por Top Cow (uno de los sellos de Image). En ella, su guionista, Joe Michael Straczynski, lleva esta proposición un paso más allá, describiendo un mundo oculto que no es únicamente un espacio poblado por criaturas sobrenaturales, sino una dimensión superpuesta a la nuestra y habitada por quienes han sido olvidados, abandonados o excluidos de la sociedad.

 

La historia comienza apoyándose en algunos códigos típicos del género negro. El detective de homicidios David Grey, teniente de la policía de Los Ángeles, investiga el asesinato de un joven traficante de drogas encontrado en un callejón durante una noche lluviosa. Está, además, atravesando un momento personal complicado porque su matrimonio acaba de terminar debido a su enfermiza obsesión por el trabajo. Mientras intenta encontrar en el lugar del crimen alguna pista que le permita resolver el crimen, un amigo de la víctima le habla de unos misteriosos individuos conocidos simplemente como “los Hombres” y que estarían relacionados con el crimen. Antes de que pueda proporcionar más información, desaparece. Posteriormente, David descubre su cadáver, brutalmente desmembrado.

 

Siguiendo la única pista que posee, David llega hasta un hombre llamado Jaeker, que resulta estar protegido por unas extrañas criaturas de piel verdosa cubiertas de tatuajes negros. Uno de ellos, siguiendo las órdenes de su amo, le roba el alma. A partir de ahí, la investigación le conduce hasta un mundo que se encuentra, literalmente, al otro lado de la realidad. Cuando despierta en el hospital, descubre que ha dejado de existir para los vivos. Los médicos y las personas que lo rodean no pueden verlo ni escucharlo. Su cuerpo se ha convertido en algo intangible, situado en una condición intermedia entre la vida y la muerte.

 

La única persona capaz de verlo, oírlo e interactuar con él es una misteriosa mujer llamada Laurel, que lo conduce hasta otras personas que se encuentran en la misma situación. Es entonces cuando David descubre la existencia del “Lugar de Transición”, una dimensión paralela reservada para aquellos que han sido abandonados, olvidados o han desaparecido por los márgenes de la sociedad sin que nadie haya reparado en ello. Arthur, uno de los habitantes de ese mundo, explica a Grey que, si quiere recuperar su alma y volver a “su” realidad, dispone de un año para llegar hasta Nueva York acompañado por Laurel. El viaje tendrá que realizarse a pie, ya que los habitantes del Lugar de Transición no pueden interactuar normalmente con los vehículos y otros objetos del mundo de los vivos. Si fracasa, acabará transformándose en uno de los terroríficos Caminantes.

 

Laurel es, probablemente, el personaje más misterioso e interesante de la serie. Nunca llega a explicarse su verdadera identidad, dejando abiertas las posibilidades de que sea un ángel, un avatar de Dios o algún tipo de entidad sobrenatural. Su nombre, además, la relaciona con la tradición de los nombres de los ángeles hebreos terminados en “-el” (Miguel, Gabriel, Rafael…). Parte de la tensión de la historia reside en que Laurel ya ha realizado anteriormente el mismo viaje con otras personas, pero todas ellas fracasaron y terminaron convirtiéndose en Caminantes. ¿Por qué David iba a ser diferente?  

 

Así, lo que inicialmente parecía una investigación policial se transforma en un “road comic”, un viaje sobrenatural de autoconocimiento. La carretera sustituye al escenario urbano y el misterio policial deja paso a cuestiones existenciales: la identidad, la libertad, la responsabilidad, el sacrificio, la tentación o la redención. Lo importante no es únicamente alcanzar Nueva York y enfrentarse al “Otro” (una representación de Satanás que obliga al protagonista a cuestionarse sus propias ideas y creencias morales), sino todo aquello que David descubre durante el camino. Él y Lauren atraviesan diferentes lugares y se encuentran con seres procedentes de distintos planos de existencia. Semana tras semana, David experimenta una transformación física que refleja la que se está produciendo en su interior. No sólo deberá, literalmente, recuperar su alma sino también reconstruir su identidad y, para ello, se tendrá que enfrentar a una decisión imposible.

 

La llegada de J. Michael Straczynski al mundo del comic siguió un recorrido inverso al habitual. Antes de convertirse en uno de los guionistas más importantes del cómic estadounidense de finales de los 90 y comienzos del siglo XXI, había desarrollado una extensa carrera como novelista, periodista y guionista de televisión. Su salto a la popularidad llegó con “Babylon 5” (1993-98), serie televisiva de ciencia ficción creada por él y que pronto se convirtió en una obra de culto dentro del género. Su experiencia televisiva explica en parte algunas características de su escritura en “Midnight Nation”: diálogos muy visuales, estructura episódica, construcción de escenas mediante cliffhangers y una narración cinematográfica.

 

Straczynski comenzó a introducirse en el cómic estadounidense a través de Image Comics, concretamente en su sello Top Cow. Allí presentó “Rising Stars” (1999-2005), proyecto que obtuvo una buena acogida y que le permitió disponer de un espacio editorial propio: “Joe's Comics”. “Midnight Nation” fue uno de los primeros comics desarrollados bajo ese sello. En ese momento todavía no había terminado “Rising Stars” y quedaban lejos otros trabajos que posteriormente marcarían su carrera en el medio, como “Supreme Power” o su etapa en “The Amazing Spider-Man”. “Midnight Nation”, por tanto, pertenece a su periodo de consolidación como guionista de comic.

 

La miniserie tiene un origen particularmente enraizado en lo personal para Straczynski. Concibió la idea en 1978, cuando tenía poco más de veinte años. Atravesaba por entonces una etapa personal complicada y acostumbraba a deambular por las calles de San Diego durante la noche. En esos paseos empezó a observar cómo, al caer la noche, parecía emerger otra población de la ciudad: personas sin hogar, marginados y seres humanos que prácticamente habían dejado de ser visibles para el resto de la sociedad. De esa observación nació la pregunta que terminaría convirtiéndose en el núcleo conceptual de la serie: ¿y si las personas que viven al margen de la sociedad estuvieran también, literalmente, al otro lado de nuestra realidad? Straczynski transformó esa percepción en una metáfora fantástica. El “Lugar de Transición” representa una sociedad paralela formada por quienes han sido desechados. No se trata únicamente de personas económicamente pobres; la pérdida fundamental es la de los vínculos que los conectan con los demás seres humanos. La idea esperó en la mente del autor durante más de dos décadas hasta que su llegada al cómic le proporcionó la oportunidad de desarrollarla.

 

No es casual que David Grey sea, precisamente, un policía obsesionado con su trabajo. Incluso antes de que uno de los Caminantes le robe el alma, el detective ya se encontraba sumido en un proceso de alienación. Su esposa lo había abandonado y su dedicación al trabajo estaba sustituyendo progresivamente al resto de relaciones humanas. El robo místico de su alma no es más que la culminación de un proceso de autoexclusión que ya había comenzado en el mundo real bastante antes.

 

Precisamente, uno de los temas centrales de la obra es la marginación social. Como he dicho, el “Lugar de Transición” es la manifestación de una idea muy real. Existen personas que viven entre nosotros pero que, para el resto de la sociedad, son prácticamente invisibles. Las interacciones sociales, el afecto, el propósito vital, la autoestima… son elementos básicos de nuestra humanidad. Si los perdemos, dejamos de ser humanos, que es lo que les ha ocurrido a los Caminantes, que representan la culminación de ese proceso de aislamiento.

 

Otro de los grandes temas de “Midnight Nation” es el de la responsabilidad individual. Los personajes tienen que enfrentarse continuamente a decisiones cuyas consecuencias no siempre pueden prever. La pregunta no es solamente qué decisión es la correcta, sino qué estamos dispuestos a sacrificar para mantenernos fieles a aquello que creemos ser. En este sentido, Straczynski plantea una tensión permanente entre destino y libre albedrío. El Otro intenta convencer a David de que la libertad y el poder tienen un precio, mientras Laurel insiste en que determinadas decisiones forman parte inevitable del camino que debe recorrer.

 

La historia incorpora asimismo conceptos de culpa, sacrificio, esperanza y redención. El viaje físico de David es simultáneamente un viaje interior: debe descubrir quién es, qué ha perdido y qué está dispuesto a hacer para recuperarlo. Y tales conceptos, obviamente, están muy relacionados con el cristianismo, cuyo simbolismo es omnipresente en la obra. Hay claros paralelismos con episodios bíblicos como la caída de Satanás, la tentación de Cristo, Lázaro (el primer ser humano que, según la mitología de la serie, entró en el “Lugar de Transición” y que es la única figura bíblica identificada expresamente por su nombre) o la leyenda del Judío Errante. El viaje a pie de David puede interpretarse también como su particular Via Crucis. Buena parte del discurso religioso se introduce en la historia a través del antagonista. El Otro expresa una visión profundamente crítica de un mundo imperfecto y de su Creador. Su concepción recuerda en algunos aspectos a la rebelión de Satanás contra Dios de “El Paraíso Perdido” (1667), de John Milton. De este modo, Straczynski articula una reflexión sobre la creación, Dios y la Humanidad sin convertir necesariamente la obra en un relato doctrinal.

 

Por tanto, pueden identificarse dos interpretaciones diferentes sobre el centro temático de la serie. Hay quien prefiere poner el acento en su trasfondo filosófico y religioso; otros consideran que es una fábula social sobre la exclusión y la solidaridad cuya moraleja es una advertencia contra una sociedad individualista y depredadora. En cualquier caso, el propio diseño de la historia permite ambas lecturas sin necesidad de reducirla exclusivamente a una de ellas.

 

Aunque Straczynski era a estas alturas un guionista experimentado, el ritmo, lenguaje y herramientas del comic difieren de los del cine o la televisión. En este sentido, “Midnight Nation” delata en algunos momentos su condición de obra aún primeriza. Por ejemplo, el comienzo algo torpe y convencional, determinados personajes secundarios poco trabajados o cierta simbología en exceso evidentes Sobre todo en el segmento final, se aprecia asimismo una ocasional tendencia a sobreexplicar mediante abundantes textos que lastran algo el ritmo y entorpecen visualmente las escenas. El ritmo tampoco es completamente regular. Hay momentos en los que varios meses del viaje se condensan en unas pocas viñetas mientras las visitas a algunos lugares durante el recorrido ocupan prácticamente un número completo. Con todo, hay que reconocer que apenas hay “grasa” en esta historia.

 

“Midnight Nation” demuestra la capacidad de Straczynski para combinar géneros y construir un thriller sobrenatural que, una vez iniciado el viaje de los protagonistas, resulta difícil de abandonar. Su estructura funciona especialmente bien en su formato recopilado. Los doce capítulos están conectados de manera prácticamente ininterrumpida y frecuentemente terminan con cliffhangers. Leída mensualmente, esa continuidad podía resultar problemática porque algunas transiciones entre números son tan fluidas que cuesta determinar dónde termina un episodio y empieza el siguiente.

 

El apartado gráfico corrió a cargo de Gary Frank, con el que Straczynski inició una colaboración que, posteriormente, continuaría en la antes mencionada “Supreme Power”. Frank estuvo acompañado en las tintas por Jason Gorder y Jonathan Sibal, mientras que del color se ocupó Matt Milla.

 

El trabajo de Gary Frank es uno de los grandes argumentos a favor de la serie. Su dibujo combina espectacularidad y funcionalidad narrativa. Aunque hay quien lo considera un artista frío, impersonal e incluso rígido, lo cierto es que aquí concede especial importancia a las expresiones faciales, algo esencial en una historia donde buena parte de la intensidad dramática procede de las conversaciones y los conflictos interiores de los protagonistas. Los rostros de David, Laurel e incluso de los Caminantes transmiten una amplia gama de emociones. En los mejores momentos, la expresividad de los personajes consigue que el lector no se limite a observarlos, sino que se implique emocionalmente con ellos.

 

Frank tampoco necesita recurrir constantemente a grandes escenas de acción para demostrar sus recursos. Maneja con eficacia el tamaño de las viñetas, alternando primeros planos, panorámicas y composiciones más abiertas para controlar el ritmo de la narración. El resultado es particularmente destacable en las escenas ambientadas en el mundo sobrenatural y, sobre todo, en la representación de un Nueva York convertido en un paisaje infernal. En conjunto, el apartado gráfico mantiene un difícil equilibrio en este tipo de obras de género híbrido: es lo suficientemente espectacular como para sostener el componente fantástico, y lo suficientemente contenido para que los personajes y la narración sigan siendo lo primordial.

 

“Midnight Nation” es una obra ambiciosa, original y absorbente que utiliza los mecanismos de la Fantasía y el Terror para hablar, en el fondo, de cuestiones profundamente humanas: la soledad, la exclusión, la identidad, la responsabilidad, la libertad, el poder del amor, el arrepentimiento… Mezclando la mitología cristiana y la crítica social, narra el viaje físico, emocional y de autoconocimiento de un hombre que descubre que haber perdido el contacto con los demás puede ser una forma de perderse uno mismo, y que recuperar aquello que nos hace humanos exige aceptar responsabilidades, realizar sacrificios y, sobre todo, mantener viva la esperanza.

 

 

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