El subgénero de la Fantasía Urbana parte de un principio muy sencillo: nuestro mundo cotidiano oculta otra realidad sobrenatural que existe simultáneamente a la nuestra. No hay que viajar a un reino fantástico lejano para correr una aventura, porque lo extraordinario se encuentra en las mismas calles, edificios y ciudades que ya conocemos.
Esa es la
premisa sobre la que se asienta “Midnight Nation”, una miniserie d
e doce
números publicada originalmente por Top Cow (uno de los sellos de Image). En
ella, su guionista, Joe Michael Straczynski, lleva esta proposición un paso más
allá, describiendo un mundo oculto que no es únicamente un espacio poblado por
criaturas sobrenaturales, sino una dimensión superpuesta a la nuestra y
habitada por quienes han sido olvidados, abandonados o excluidos de la
sociedad.
La historia comienza apoyándose en algunos códigos típicos del género negro. El detective de homicidios David Grey, teniente de la policía de Los Ángeles, investiga el asesinato de un joven traficante de drogas encontrado en un callejón durante una noche lluviosa. Está, además, atravesando un momento personal complicado porque su matrimonio acaba de terminar debido a su enfermiza obsesión por el trabajo. Mientras intenta encontrar en el lugar del crimen alguna pista que le permita resolver el crimen, un amigo de la víctima le habla de unos misteriosos individuos conocidos simplemente como “los Hombres” y que estarían relacionados con el crimen. Antes de que pueda proporcionar más información, desaparece. Posteriormente, David descubre su cadáver, brutalmente desmembrado.
Siguiendo la
única pista que posee, David llega hasta un hombre llamado Jaeker, que resulta
estar protegido por unas extrañas criaturas de piel verdosa cubiertas de
tatuajes negros. Uno de ellos, siguiendo las órdenes de su amo, le roba el
alma. A partir de ahí, la investigación le conduce hasta un mundo que se
encuentra, literalmente, al otro lado de la realidad. Cuando despierta en el
hospital, descubre que ha dejado de existir para los vivos. Los médicos y las
personas que lo rodean no pueden verlo ni escucharlo. Su cuerpo se ha
convertido en algo intangible, situado en una condición intermedia entre la
vida y la muerte.
La única persona
capaz de verlo, oírlo e interactuar con él es una misteriosa mujer llamada
Laurel, que lo conduce hasta otras personas que se encuentran en la misma
situación. Es entonces cuando David descubre la existencia del “Lugar de
Transición”, una dimensión paralela reservada para aquellos que han sido
abandonados, olvidados o han desaparecido por los márgenes de la sociedad sin
que nadie haya reparado en ello. Arthur, uno de los habitantes de ese mundo,
explica a Grey que,
si quiere recuperar su alma y volver a “su” realidad,
dispone de un año para llegar hasta Nueva York acompañado por Laurel. El viaje
tendrá que realizarse a pie, ya que los habitantes del Lugar de Transición no
pueden interactuar normalmente con los vehículos y otros objetos del mundo de
los vivos. Si fracasa, acabará transformándose en uno de los terroríficos Caminantes.
Laurel es, probablemente, el personaje más misterioso e interesante de la serie. Nunca llega a explicarse su verdadera identidad, dejando abiertas las posibilidades de que sea un ángel, un avatar de Dios o algún tipo de entidad sobrenatural. Su nombre, además, la relaciona con la tradición de los nombres de los ángeles hebreos terminados en “-el” (Miguel, Gabriel, Rafael…). Parte de la tensión de la historia reside en que Laurel ya ha realizado anteriormente el mismo viaje con otras personas, pero todas ellas fracasaron y terminaron convirtiéndose en Caminantes. ¿Por qué David iba a ser diferente?
Así, lo que
inicialmente parecía una investigación policial se transforma en un “road
comic”, un viaje sobrenatural de autoconocimiento. La carretera sustituye al
escenario urbano y el misterio policial deja paso a cuestiones existenciales: la
identidad, la libertad, la responsabilidad, el sacrificio, la tentación o la
redención. Lo importante no es únicamente alcanzar Nueva York y enfrentarse al
“Otro” (una representación de Satanás que obliga al protagonista a cuestionarse
sus propias ideas y creencias morales), sino todo aquello que David descubre
durante el camino. Él y Lauren atraviesan diferentes lugares y se encuentran
con seres procedentes de distintos planos de existencia. Semana tras semana,
David experimenta una transformación física que refleja la que se está
produciendo en su interior. No sólo deberá, literalmente, recuperar su alma
sino también reconstruir su identidad y, para ello, se tendrá que enfrentar a
una decisión imposible.
La llegada
de J. Michael Straczynski al mundo del comic siguió un recorrido inverso al
habitual. Antes de convertirse en uno de los guionistas más importantes del
cómic estadounidense de finales de los 90 y comienzos del siglo XXI, había
desarro
llado una extensa carrera como novelista, periodista y guionista de
televisión. Su salto a la popularidad llegó con “Babylon 5” (1993-98), serie televisiva
de ciencia ficción creada por él y que pronto se convirtió en una obra de culto
dentro del género. Su experiencia televisiva explica en parte algunas
características de su escritura en “Midnight Nation”: diálogos muy visuales,
estructura episódica, construcción de escenas mediante cliffhangers y una
narración cinematográfica.
Straczynski comenzó a introducirse en el cómic estadounidense a través de Image Comics, concretamente en su sello Top Cow. Allí presentó “Rising Stars” (1999-2005), proyecto que obtuvo una buena acogida y que le permitió disponer de un espacio editorial propio: “Joe's Comics”. “Midnight Nation” fue uno de los primeros comics desarrollados bajo ese sello. En ese momento todavía no había terminado “Rising Stars” y quedaban lejos otros trabajos que posteriormente marcarían su carrera en el medio, como “Supreme Power” o su etapa en “The Amazing Spider-Man”. “Midnight Nation”, por tanto, pertenece a su periodo de consolidación como guionista de comic.
L
a miniserie
tiene un origen particularmente enraizado en lo personal para Straczynski. Concibió
la idea en 1978, cuando tenía poco más de veinte años. Atravesaba por entonces una
etapa personal complicada y acostumbraba a deambular por las calles de San
Diego durante la noche. En esos paseos empezó a observar cómo, al caer la
noche, parecía emerger otra población de la ciudad: personas sin hogar,
marginados y seres humanos que prácticamente habían dejado de ser visibles para
el resto de la sociedad. De esa observación nació la pregunta que terminaría
convirtiéndose en el núcleo conceptual de la serie: ¿y si las personas que
viven al margen de la sociedad estuvieran también, literalmente, al otro lado
de nuestra realidad? Straczynski transformó esa percepción en una metáfora
fantástica. El “Lugar de Transición” representa una sociedad paralela formada
por quienes han sido desechados. No se trata únicamente de personas
económicamente pobres; la pérdida fundamental es la de los vínculos que los
conectan con los demás seres humanos. La idea esperó en la mente del autor
durante más de dos décadas hasta que su llegada al cómic le proporcionó la
oportunidad de desarrollarla.
No es casual
que David Grey sea, precisamente, un policía obsesionado con su trab
ajo.
Incluso antes de que uno de los Caminantes le robe el alma, el detective ya se
encontraba sumido en un proceso de alienación. Su esposa lo había abandonado y
su dedicación al trabajo estaba sustituyendo progresivamente al resto de
relaciones humanas. El robo místico de su alma no es más que la culminación de un
proceso de autoexclusión que ya había comenzado en el mundo real bastante
antes.
Precisamente, uno de los temas centrales de la obra es la marginación social. Como he dicho, el “Lugar de Transición” es la manifestación de una idea muy real. Existen personas que viven entre nosotros pero que, para el resto de la sociedad, son prácticamente invisibles. Las interacciones sociales, el afecto, el propósito vital, la autoestima… son elementos básicos de nuestra humanidad. Si los perdemos, dejamos de ser humanos, que es lo que les ha ocurrido a los Caminantes, que representan la culminación de ese proceso de aislamiento.
Ot
ro de los
grandes temas de “Midnight Nation” es el de la responsabilidad individual. Los
personajes tienen que enfrentarse continuamente a decisiones cuyas
consecuencias no siempre pueden prever. La pregunta no es solamente qué
decisión es la correcta, sino qué estamos dispuestos a sacrificar para
mantenernos fieles a aquello que creemos ser. En este sentido, Straczynski
plantea una tensión permanente entre destino y libre albedrío. El Otro intenta
convencer a David de que la libertad y el poder tienen un precio, mientras
Laurel insiste en que determinadas decisiones forman parte inevitable del
camino que debe recorrer.
La historia
incorpora asimismo conceptos de culpa, sacrificio, esperanza y redención. El
viaje físico de David es simultáneamente un viaje interior: debe descubrir
quién es, qué ha perdido y qué está dispuesto a hacer para recuperarlo. Y tales
conceptos, obviamente, están muy relacionados con el cristianismo, cuyo
simbolismo es omnipresente en la obra. Hay claros paralelismos con episodios
bíblicos como la caída de Satanás, la tentación de Cristo, Lázaro (el primer
ser humano que, según la mitología de la serie, entró en el “Lugar de
Transición” y que es la única figura bíblica identificada expresamente por
su
nombre) o la leyenda del Judío Errante. El viaje a pie de David puede interpretarse
también como su particular Via Crucis. Buena parte del discurso religioso se
introduce en la historia a través del antagonista. El Otro expresa una visión
profundamente crítica de un mundo imperfecto y de su Creador. Su concepción
recuerda en algunos aspectos a la rebelión de Satanás contra Dios de “El
Paraíso Perdido” (1667), de John Milton. De este modo, Straczynski articula una
reflexión sobre la creación, Dios y la Humanidad sin convertir necesariamente
la obra en un relato doctrinal.
Por tanto, pueden identificarse dos interpretaciones diferentes sobre el centro temático de la serie. Hay quien prefiere poner el acento en su trasfondo filosófico y religioso; otros consideran que es una fábula social sobre la exclusión y la solidaridad cuya moraleja es una advertencia contra una sociedad individualista y depredadora. En cualquier caso, el propio diseño de la historia permite ambas lecturas sin necesidad de reducirla exclusivamente a una de ellas.
Aun
que
Straczynski era a estas alturas un guionista experimentado, el ritmo, lenguaje
y herramientas del comic difieren de los del cine o la televisión. En este
sentido, “Midnight Nation” delata en algunos momentos su condición de obra aún
primeriza. Por ejemplo, el comienzo algo torpe y convencional, determinados
personajes secundarios poco trabajados o cierta simbología en exceso evidentes
Sobre todo en el segmento final, se aprecia asimismo una ocasional tendencia a
sobreexplicar mediante abundantes textos que lastran algo el ritmo y entorpecen
visualmente las escenas. El ritmo tampoco es completamente regular. Hay
momentos en los que varios meses del viaje se condensan en unas pocas viñetas
mientras las visitas a algunos lugares durante el recorrido ocupan
prácticamente un número completo. Con todo, hay que reconocer que apenas hay
“grasa” en esta historia.
“Midnight
Nation” demuestra la capacidad de Straczynski para combinar géneros y construir
un thriller sobrenatural que, una vez iniciado el viaje de los protagonistas,
resulta difícil de abandonar. Su estructura funciona especialmente bien en su
formato recopilado. Los doce capítulos e
stán conectados de manera prácticamente
ininterrumpida y frecuentemente terminan con cliffhangers. Leída mensualmente,
esa continuidad podía resultar problemática porque algunas transiciones entre
números son tan fluidas que cuesta determinar dónde termina un episodio y
empieza el siguiente.
El apartado gráfico corrió a cargo de Gary Frank, con el que Straczynski inició una colaboración que, posteriormente, continuaría en la antes mencionada “Supreme Power”. Frank estuvo acompañado en las tintas por Jason Gorder y Jonathan Sibal, mientras que del color se ocupó Matt Milla.
El trabajo
de Gary Frank es uno de los grandes argumentos a favor de la serie. Su dibujo
combina espectacularidad y funcionalidad narrativa. Aunque hay quien lo
considera un artista frío, impersonal e incluso rígido, lo cierto es que aquí concede
especial importancia a las expresiones faciales, algo esencial en una historia
donde buena parte de la intensidad dramática pro
cede de las conversaciones y los
conflictos interiores de los protagonistas. Los rostros de David, Laurel e
incluso de los Caminantes transmiten una amplia gama de emociones. En los
mejores momentos, la expresividad de los personajes consigue que el lector no
se limite a observarlos, sino que se implique emocionalmente con ellos.
Frank tampoco necesita recurrir constantemente a grandes escenas de acción para demostrar sus recursos. Maneja con eficacia el tamaño de las viñetas, alternando primeros planos, panorámicas y composiciones más abiertas para controlar el ritmo de la narración. El resultado es particularmente destacable en las escenas ambientadas en el mundo sobrenatural y, sobre todo, en la representación de un Nueva York convertido en un paisaje infernal. En conjunto, el apartado gráfico mantiene un difícil equilibrio en este tipo de obras de género híbrido: es lo suficientemente espectacular como para sostener el componente fantástico, y lo suficientemente contenido para que los personajes y la narración sigan siendo lo primordial.
“Midnight Nation” es una obra ambiciosa, original y absorbente que utiliza los mecanismos de la Fantasía y el Terror para hablar, en el fondo, de cuestiones profundamente humanas: la soledad, la exclusión, la identidad, la responsabilidad, la libertad, el poder del amor, el arrepentimiento… Mezclando la mitología cristiana y la crítica social, narra el viaje físico, emocional y de autoconocimiento de un hombre que descubre que haber perdido el contacto con los demás puede ser una forma de perderse uno mismo, y que recuperar aquello que nos hace humanos exige aceptar responsabilidades, realizar sacrificios y, sobre todo, mantener viva la esperanza.

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