(Viene de la entrada anterior)
En septiembre de 1968, se pone a la venta el segundo Annual de los Vengadores. Lo primero que llama la atención es, por supuesto, la portada de John Buscema, uno de los primeros ejemplos de lo que a no mucho tardar iba a convertirse en un molde básico para las cubiertas de aventuras en las que aparecian dos equipos enfrentados: dos filas paralelas de heroes en posturas agresivas uno contra uno. El modelo lo había establecido, apenas un año antes, la portada clásica de Carmine Infantino y Murphy Anderson para “La Liga de la Justicia” nº 56 (septiembre 67).
El propio
Buscema había recurrido a esa composición apenas tres meses antes, en
“Vengadores” nº 53, con el grupo titular enfrentado a los X-Men. Eso sí, en
esta ocasión, a Buscema le fue imposible encontrar una composición equilibrada
en términos de poder habida cuenta de los héroes que componían ambas
encarnaciones del equipo: claramente, Pantera Negra no era rival para Hulk,
como tampoco el Capitán América para Thor. Ojo de Halcón podría contener temporalmente
a Iron Man (de hecho, había empezado su carrera como villano de su colección)
en ese estadio tecnológico de la armadura del segundo; y en cuanto a la Avispa
y el Hombre Gigante, estaban enfrentándose a sí mismos, lo que hacía difícil
prever un desenlace. A primera vista, las cartas ganadoras no parecían estar
con el equipo oficial.
La primera
decepción llega nada más abrirlo por la primera página y ver la viñeta de apertura.
John Buscema no aparece por ningun sitio. En su lugar figuran acreditados como artistas
Don Heck y Werner Roth y como entintador Vince Colletta. La división de trabajo
entre los dos primeros fue similar a la ya ensayada en el crossover con los
mutantes unos meses antes (“X-Men” nº 45 y “Vengadores” nº 53): Heck realizaba
los bocetos y la composición narrativa y Roth terminaba los lápices. Prueba de
lo gran artista que era Buscema es lo mucho que se le echa de menos en esta
historia de aliento épico con unos dibujantes que, aunque profesionales e
incluso destacados en otros géneros, claramente no se sentían cómodos dibujando
superheroes y toda la parafernalia que les acompaña.
De todas formas, un alto nivel artístico no era lo que primordialmente exigía en 1968 un lector de doce o quince años. Lo que realmente deseaba ver era acción, especialmente si estaba protagonizada por un montón de superheroes. Y de eso no se podrían quejar porque Roy Thomas se la servía al poco de empezar la historia.
Ésta
comienza cuando los Vengadores regresan al presente de su viaje al pasado en el
nº 56 y se dan cuenta de que nadie por las calles de Nueva York los reconoce.
Por entonces, Marvel todavía experimentaba con diferentes formas de mostrar que la nueva incorporación de los Vengadores, la Pantera Negra, era, efectivamente, de raza negra. Ya vimos cómo en su primera aparición en esta colección le pusieron una mascara que le cubría solo la parte superior de la cabeza, pero enseguida volvieron al diseño original del personaje con una completa. Ahora, dejaban ver el color de la piel a través de las aberturas de los ojos, una mejora respecto al número 56, en el que aquéllas aparecían lisas y pintadas de marrón en lugar de blanco.
También
llama la atención del lector atento la referencia casual del Capitán América,
en ese misma página, a “nuestro cuartel
general”. Si este es el primer número de los Vengadores que se lee, es
imposible saber que el Capitán había abandonado el equipo hacia ya algún
tiempo, en el nº 47. De hecho, a partir de comentarios como ese –por no
mencionar que se le muestra en estas escenas iniciales como líder del grupo- es
imposible no asumir que no sólo pertenece a los Vengadores sino que es su líder
natural (y, para Roy Thomas al menos, era así. Stan Lee, como vimos, había
decretado que el Capitán no aparecería regularmente en la colección de Los
Vengadores, pero parece que Thomas estaba decidido a incluirlo siempre que la
historia se lo permitiera).
Al llegar a la Mansión, la sorpresa es todavía mayor: la formación original (Hulk, Thor, Iron Man, el Hombre Gigante y la Avispa) se encuentran allí reunidos. Cada grupo de Vengadores toma al otro como impostores y se enzarzan en una pelea (por cierto, con los mismos emparejamientos que prometía la portada) hasta que los modernos se retiran para reflexionar sobre lo ocurrido.
Deciden
infiltrarse en el laboratorio universitario donde se ha instalado un ordenador
experimental, el Herodotron (bautizado a partir del nombre del antiguo
historiador griego), que registra todos los eventos históricos y los reproduce
directamente en la mente del usuario. El Capitán América se conecta y descubre
la verdad: han llegado a una línea temporal alternativa en la que, tras
derrotar al Fantasma del Espacio (en el nº 2), los Vengadores originales
recibieron la visita de un viajero temporal, el Centurión Escarlata, que les
prometió una utopía en la Tierra si solucionaban el único desequilibrio que lo
impedía: la proliferación de seres superpoderosos. Los Vengadores emprendieron
entonces una campaña contra todos los superheroes primero y los supervillanos
después, transformándose en el proceso en unos tiranos despiadados que también
amenazan a los gobiernos del mundo.
Los
Vengadores modernos deciden detener a sus malvados predecesores utilizando el
mismo artilugio que puso en marcha todo ese disparate: la máquina del Tiempo
del Doctor Muerte, que ha sido desmontada y sus piezas dispersas y marcadas
para la destrucción. Para recuperar esas partes –por supuesto- se dividen en
tres equipos, cada uno de los cuales tendrá que combatir con otros tantos
Vengadores originales –a los cuales, por cierto, derrotan de formas bastante
implausibles…¿Pantera Negra abatiendo a Hulk? ¿El Capitán América forzando la conversion
de Thor a Don Blake?-.
De nuevo en el castillo de Muerte y con la máquina reensamblada, se manifiesta el Centurión Escarlata y aclara algunos puntos, como el por qué pudo convencer a los Vengadores para comportarse de una forma tan violenta. El villano lucha contra los “nuevos“ Vengadores hasta que Goliath se encoge a tamaño insecto para conectar la máquina del Tiempo, que engulle al Centurión. Aparece entonces Uatu, el Vigilante, para informarles de que ya habían cruzado sus caminos con el Centurión, aunque entonces lo conocieron como Kang el Conquistador; a continuación, los devuelve a su propia realidad y les borra los recuerdos de lo sucedido.
Para quien
ande un poco despistado, El Vigilante es miembro de una especie alienígena con
la misión de observar los acontecimientos que ocurren en el universo. La base
de este individuo en concreto está en la Luna, tal y como quedó establecido en
su primera aparición en “Cuatro Fantásticos” nº 13 (abril 63). Con la
introducción de la idea de universos paralelos en este Annual, descubrimos que
también puede ver lo que ocurre en todos ellos, una capacidad que le
convertirá, a partir de 1977, en el narrador de las historias alternativas que
constituían el contenido de la colección “What If?”
Y así
termina la historia. Nunca vemos qué pasa con los “viejos” Vengadores
inconscientes y derrotados, pero dado que supuestamente toda su línea temporal
ha desaparecido, poco importa. En años posteriores, las “reglas” del viaje en
el tiempo en el Universo Marvel se modificarían y estandarizarían, de modo que
cualquier manipulación del pasado (o del futuro) crearía una realidad nueva y
divergente de la “principal”. Un aspecto vagamente decepcionante de esa
conclusion es que ni los Vengadores ni el Centurión Escarlata recordarían nada
de lo sucedido: es como si, de algún modo, la historia fuera menos “real” y
quedara al nivel de un sueño o un engaño.
Como
sucedía tan a menudo en aquella época, es esta una historia trufada de considerables
agujeros de guion, una situación que se agrava en una aventura que integra
viajes en el tiempo y paradojas, tema que suele requerir de bastante atención
por parte del guionista para evitar incoherencias. Para empezar, lo primero que
debería haber alertado a los Vengadores de que algo iba mal es que la aeronave
con la que viajaron al castillo de Muerte ya no estuviera allí a la salida
(dado que ellos nunca existieron en esa realidad alternativa). Aún peor,
tampoco la Avispa debería estar allí dado que ella, dormida, permaneció en la línea
temporal principal. Muchos años más tarde, en “What If?” nº 29 (octubre 81) se
sugeriría que Inmortus la trasladó junto a sus compañeros como parte de sus
maquinaciones.
La historia también sugiere que, como los Vengadores capturan a Nick Furia y sus amigos, SHIELD nunca llegaría a tomar forma, lo que contradice lo ya establecido desde “Strange Tales” nº 135 (agosto 65), a saber, que esa organización ya existía cuando a Furia se le invitó a dirigirla.
Hay otros
puntos que Thomas sí tuvo en cuenta. El Capitán América nunca fue revivido en
esa línea temporal, bien porque murió en la Segunda Guerra Mundial, bien porque
su cuerpo jamás fue encontrado (dado que Hulk no abandonó los Vengadores ni se
alió con Namor, lo que eventualmente llevó a este ultimo a encontrar el cuerpo
congelado del Capitán, tal y como se contó en el nº 4). Iron Man no reconoce a
Ojo de Halcón y éste tampoco figura entre los supervillanos derrotados por los
Vengadores. Tampoco aparece Pantera Negra. Quizá la Viuda Negra nunca llegara
en esta realidad a reclutar al arquero y los Cuatro Fantásticos, derrotados por
los Vengadores, no tuvieron oportunidad de viajar a Wakanda.
¿Qué le ocurrió al Centurión Escarlata a continuación de lo aquí narrado? El Vigilante dice que una versión de él se convertiría en Kang, pero se ha sugerido que no el Kang que apareció en el nº 8 de la colección (dado que éste no mencionó al Centurión como una de sus identidades). Se sabe que Kang tiene multiples versiones en diferentes líneas temporales. De hecho, una versión del Centurión Escarlata acabaría siendo un villano en la Tierra alternativa habitada por el Escuadrón Supremo. En cualquier caso, me niego a profundizar demasiado en el galimatías que acabaría siendo la historia y apariciones de Kang y sus diferentes alias a lo largo del Tiempo.
Baste decir
que Rama-Tut, al que menciona el Vigilante, es un viajero temporal del futuro
presentado en “Cuatro Fantásticos” nº 19 (octubre 63) cuando el grupo viajó al
Antiguo Egipto. En el mencionado “Vengadores” nº 8 (sept.64), se explicaba que
aquél viajó al futuro y adoptó el nombre de Kang, pero por el camino se detuvo
en el siglo XX, cuando conoció al Doctor Muerte en el segundo Anual de “Cuatro
Fantásticos”. El Vigilante nos dice ahora que, tras ese encuentro, Rama-Tut fue
desviado por turbulencias temporales y aterrizó en esta realidad alternativa,
donde asumió la identidad del Centurión Escarlata. Eso sí, Tut es un “simple”
viajero temporal, no un ser que, como afirma el Centurión, existe al margen del
tiempo y el espacio (aunque mucho más tarde Kang sí lo conseguirá), por lo que
sus apariciones ante los Vengadores originales se realizan probablemente como
proyecciones holográficas desde su nave temporal.
Relacionado
con todo esto, este Anual fue el primero en mostrar una línea temporal
alternativa, introduciendo la idea de que trastear en el pasado crea presentes
distintos a los que conocemos. Muchos años después y ya con un buen número de
Tierras alternativas complicando el Universo Marvel, se les decidió numerar.
Así, la Tierra en la que transcurre la vida de los superheroes clásicos es la
616 (cifra que corresponde a la fecha de publicación del primer número de “Los
Cuatro Fantásticos”, junio del 61). La Tierra alternativa que visitan los
Vengadores en esta aventura es la 689 (número tomado de la fecha de portada del
Anual, septiembre del 68).
También este Anual fue un ejemplo temprano del tipo de historias en las que los superheroes utilizan sus poderes para conquistar el mundo y solucionar sus problemas, premisa que proliferaría en los años 80 con ejemplos tan ilustres como el “Miracleman” de Alan Moore o “El Escuadrón Supremo” de Mark Gruenwald. En su momento, fue novedosa esta idea de que, sin supervillanos contra los que luchar y sin otros superhéroes que pudieran suponer un obstáculo, los Vengadores podrían convertirse en unos dictadores mundiales. Habida cuenta de lo proclive que es el superhéroe promedio de Marvel a recurrir a sus nudillos antes que a su cerebro, Roy Thomas no propuso una situación disparatada.
Otro punto
de interés que solo cobraría relevancia a la luz de desarrollos futuros es la
breve crisis nerviosa que sufre Goliath y de la que le rescata el Capitán
América. En los ya cercanos números 59 y 60, como veremos, esos problemas
mentales le llevarán a un comportamiento psicótico… y a una boda.
Pero antes llegaría otro hito crucial en la historia de los Vengadores: la presentación de La Visión, uno de los personajes más queridos y longevos del grupo. Ya sea con su cuerpo íntegro o desmontado, la Visión fue durante mucho tiempo símbolo del grupo, literalmente: su rostro apareció en el icono de la esquina izquierda de las portadas durante casi ocho años, de 1971 a 1979.
Un tanto
harto del veto que Lee le había impuesto en la colección respecto al uso del
Capitán América, Thor e Iron Man, Thomas le sugirió incorporar un nuevo
Vengador, una versión modernizada de un personaje de la Edad de Oro creado por
Jack Kirby y Joe Simon en 1940 para el nº 13 de “Marvel Mystery Comics”: la
Visión, un androide extraterrestre conocido como Aarkus que podía teleportarse
a través de una especie de pasadizos humeantes y había sido enviado a nuestro
planeta para servir a la Humanidad y luchar contra los malvados.
Pero Stan Lee le dijo que no. Debía ser un androide, punto. Nada de extraterrestres. Las razones nunca se las aclaró a Thomas ni tampoco le dio directrices respecto a lo que podría hacer el personaje ni sus orígenes. Así que Thomas abandonó la faceta alienígena, llamó al androide Visión y adaptó el viejo traje para conformar un personaje que solo eso tendría en común con su predecesor.
Lectores
sapientes e historiadores del comic han llamado la atención sobre los parecidos
entre la Visión y el Tornado Rojo, el héroe de DC que debutó aquel mismo verano
en la colección de la Liga de la Justicia. Sobre esas sospechosas similitudes y
las acusaciones de plagio asociadas hablaré con ocasión del siguiente número,
cuando ya hayamos conocido a la Visión y su origen.
Es
interesante recordar que, a pesar del rechazo de Stan Lee, la Visión de la Edad
de Oro sí acabaría uniéndose al Universo Marvel. Aarkus debutó como un constructo
mental de Rick Jones y la Inteligencia Suprema kree en el nº 97 de Los
Vengadores” (marzo 72), escrito por Thomas y dibujado por John Buscema y Tom
Palmer. Thomas volvería a recuperarlo décadas más tarde, en 1993, en su versión
“luchador contra el crimen” en una miniserie de los Invasores, concretamente en
el nº 3 (julio 93), en el que Aarkus aparece para ayudar a ese equipo de
superheroes de la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión, por supuesto, Thomas
ya no encontró resistencia alguna por parte del editor de la serie, Mike
Rockwitz.
Pero volvamos a 1968 y al número que nos ocupa, el 57, titulado “He Aquí…La Visión” y que se abre con una portada icónica en la que el recién llegado se manifiesta entre cortinas de humo, un homenaje al Aarkus de los años 40.
Un
humanoide con traje verde y amarillo, capa amarilla y tez roja camina a través
de la lluvia que lo atraviesa y luego flota por el aire hasta alcanzar la
terraza del ático de Janet van Dyne. En el interior, ésta intenta persuadir a
su novio Henry Pym, para que posponga sus investigaciones y se quede con ella a
pasar la noche. Cuando Pym se marcha el humanoide entra y la amenaza. Al principio, Jan retrocede asustada ante el
ser de voz de ultratumba que parece una visión sobrenatural, aunque enseguida
reacciona encogiéndose al tamaño avispa y tratando de escabullirse. Pero el ser
demuestra, primero, el poder de volverse intangible y atravesar las paredes y,
segundo, un poderoso rayo calorífico emitido desde sus ojos. De repente, el ser
se detiene paralizado por un intenso dolor en la cabeza.
En la calle, Pym recibe la señal de alarma de Jan, aumenta a su tamaño de Goliath y trepa por la fachada del edificio hasta la residencia de ella para encontrarse al agresor inerte en el suelo, al cual deciden transportar a la Mansión para estudiarlo.
Los otros
dos Vengadores de servicio, sin embargo, no se encuentran allí. Ojo de Halcón
está de visita en el apartamento de su novia, Natasha Romanoff, que lo recibe
con su disfraz de Viuda Negra, algo que lo sorprende dado que se retiró del
espionaje en el nº 45. Ella dice que SHIELD le ha propuesto otro trabajo, que
bien podría aceptar porque él nunca está presente. Ojo de Halcón, molesto, se
defiende con el argumento de que ha estado muy ocupado arriesgando su vida con
los Vengadores y, como para darle la razón, en ese mismo momento recibe la
llamada de Pym para que acuda a la Mansión. La misión de la Viuda para SHIELD
empezará en "Capitán Marvel" nº 12 (abril 69) y enlazará con los
eventos de “Vengadores” nº 63.
Por otra
parte, T´Challa ha salido a dar un paseo bajo la lluvia para meditar sobre por
qué dejó su trono de Wakanda y la insatisfacción que siente en su interior,
cuando debe cambiarse a su identidad de Pantera Negra para frustrar un robo. Los
comentarios admirativos de un par de niños afroamericanos que lo consideran un
modelo a seguir, le dan una idea de qué más puede hacer, aunque ese tema
quedará aparcado todavía algunos números. Entonces, también él recibe la
llamada.
Los cuatro Vengadores se reúnen alrededor del cuerpo del misterioso agresor de la Avispa. Henry Pym averigua que no es un humano, sino una réplica perfecta elaborada con órganos sintéticos. Ojo de Halcón recuerda que tiempo atrás Hank trató de crear un ser así y lo bautizó “sintezoide”. Entonces, la Visión recupera la consciencia y, con ella, el recuerdo de su misión: matar a los Vengadores.
Sigue una batalla en la que demuestra una gran fuerza y la capacidad de incrementar su densidad corporal. Cuando Goliath lo inmoviliza, el androide se detiene confuso al no recordar el por qué de su comportamiento ni su propio pasado. Es más, tiene la sensación de que deberían ser aliados, no enemigos. Luego recuerda que lo creó el robot conocido como Ultron-5, al que llevan buscando desde el número 55. Visión asegura que puede llevarlos hasta su escondite y así lo hace.
Por
supuesto, todo responde al plan de Ultrón, que los está esperando y les embosca
con una serie de trampas letales. Cuando todo parece perdido, Visión se
enfrenta a Ultrón y exige la libertad de los Vengadores. Sigue la predecible
lucha entre los dos seres artificiales, que termina con la victoria de Visión y
la liberacion de los heroes, que se reúnen en torno al cuerpo destrozado del
robot al que solo falta la cabeza, que se presume desintegrada pero que
contiene los elementos esenciales de la inteligencia de esa criatura: sus
electrodos gemelos en los laterales del cráneo.
La última
página muestra a un niño que encuentra la cabeza intacta en la superficie. La
usa como pelota de fútbol antes de quitarle los electrodos y tirarla
despreocupadamente. Esta secuencia va acompañada de la adaptación del poema de
Shelley “Ozymandias”, con el que se subraya el destino de Ultrón. Ese recurso
no se le ocurrió a Thomas hasta que vio el dibujo de Buscema, pero se dio
cuenta de que las palabras del poeta encajaban perfectamente y las escribió a
mano sobre las viñetas para que luego el rotulista Sam Rosen las finalizara.
Leyendo hoy este episodio, hay un par de cosas que llaman la atención. La primera es que la Visión, a quien a menudo se ve como una especie de “Mr.Spock” marvelita, es aquí un auténtico torbellino de emociones: lo vemos atormentado, enojado, confuso… Está muy lejos de ser la criatura impasible que uno podría esperar en esta etapa primera de su existencia.
La otra
cosa que es digna de reseñar es el grado de estupidez de Ultrón. En primer
lugar, por lo innecesariamente rocambolesco de su plan. En segundo lugar, por
lo ridículo de sus trampas: atrapa a los Vengadores en una cámara con paredes deslizantes
ultraduras que acabarán aplastándolos, pero como se mueven a paso de tortuga, se
les brinda a aquéllos la posibilidad de escapar o ser rescatados. A
continuación, y a pesar de haberlo creado, Ultrón olvida por completo que
Visión puede cambiar su densidad. Y lo hace no una sino dos veces, lo que le
conduce a su propia destrucción. Y por si todo esto fuera poco, Ultrón le
revela a Visión su único punto vulnerable (los electrodos de su cabeza),
dándole a su adversario la clave para la victoria.
Ultrón,
aunque poseía la capacidad de recrearse continuamente en versiones cada vez más
mortíferas, tenía un talón de Aquiles: programado con una inteligencia casi
humana, consideraba a Pym como su "padre" y, a medida que evolucionó,
ese hecho se transformó para él en una obsesión de proporciones edípicas.
Centrado exclusivamente en la muerte de su creador, la búsqueda inicial de
Ultrón por volverse más humano (e, irónicamente, conquistar a la raza humana en
el proceso) fue sublimada en un odio aparentemente fútil. Pero el conocimiento
de las motivaciones de Ultrón seguiría siendo un misterio para los Vengadores
–y los lectores- todavía durante algún tiempo y en este punto seguía siendo uno
más de los muchos robots locos que deambulaban por el Universo Marvel.
Como siempre, hemos de recordar que el tipo de agujeros de guión que detectamos aquí eran muy comunes en aquella época y aquel género, teniendo que asumirlo el lector moderno como parte del encanto y la ingenuidad de los comics de la época. Para compensar, tenemos otros tres elementos positivos.
Uno, la elegante labor de un Buscema que a partir de aquí llega a la cúspide de su carrera. Además y en contraste con su trabajo sobre los lápices de Colan en "Daredevil", George Klein fue seguramente el mejor entintador que tuvo Buscema hasta la llegada de Tom Palmer.
Dos, las
interesantes pinceladas de la vida privada de los Vengadores, que dicen más de
lo que parece al lector adulto: la preferencia de Hank por sus experimentos
frente a una noche con Jan; los problemas de conciliación que experimentan Ojo
de Halcón y la Viuda Negra; y la búsqueda de Pantera Negra de un propósito
vital. Y, por ultimo, claro, la adición de un gran personaje a la alineación
del equipo. Visión fue el primer personaje creado específicamente para pertenecer
a los Vengadores en lugar de ser importado de otra colección.
A Stan Lee no le gustó demasiado el nombre del personaje, pero aparte de eso, no puso objeción alguna a lo que Thomas había creado. De hecho, la Visión se convirtió ipso facto en el más interesante y popular de los Vengadores junto al Capitán América, Thor e Iron Man (aunque, por el momento, los tres últimos Thomas no podía utilizarlos por ser los titulares de sus propias colecciones). La Visión, como veremos, se convirtió también en el foco de bastantes historias futuras ya que Thomas lo utilizó para explorar lo que significa ser humano.
(Continúa en la siguiente entrada)
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