Nadie acusó nunca a Martin Goodman de ser demasiado moderado. Desde que comenzó en el negocio editorial en 1931 hasta que se retiró en 1975, el editor de Marvel fue conocido por dos cosas: copiar las ideas de éxito de otras compañías y utilizar estrategias de marketing que oscilaban entre la expansión indiscriminada y la purga despiadada. Su imaginación como editor era limitada. No planificaba con antelación ni meditaba estrategias y se preocupaba poco por la innovación o la creatividad. Pero ganaba dinero y solía evitar los errores.
Se rumoreaba que Goodman nunca pasó en la escuela del cuarto grado pero ello no le impidió convertirse en un hábil hombre de negocios con un indudable instinto para predecir lo que los lectores buscarían en el quiosco. Una de las pocas cosas en las que Stan Lee y Jack Kirby coincidían al final de sus carreras era que Martin tenía cierta inclinación a no respetar los tratos y las promesas a los que se había comprometido. Con todo, Goodman fue tan importante para el nacimiento de los Cuatro Fantásticos como Jack o Stan.
Nacido en 1908, Martin Goodman era más joven que la mayoría de los principales editores de

Pero no nos adelantemos. Antes de comenzar en el negocio editorial, Goodman ya había demostrado que era un superviviente. Aprendió a arreglárselas durante la Gran Depresión. Cuando la bolsa se hundió en 1929 arrastrando con ella a toda la economía norteamericana, se convirtió en un

En 1932, Goodman pidió prestado algo de capital y fundó Western Fiction Publishing, una compañía que se especializó en revistas pulp que ofrecían cuentos nostálgicos del Aalvaje Oeste. En mayo de 1933, la primera colección de Goodman, “Western Supernovel Magazine”, llegó a los quioscos. A raíz de su éxito, Goodman comenzó a dar señales de su mentalidad empresarial: inundó los puestos de venta de revistas del

En 1939, justo después de que Donenfeld y Liebowitz hubieran cosechado un enorme éxito con Superman, Goodman decidió añadir comic books a su línea de publicaciones. Para ello, contrató los servicios de Funnies, Inc, una empresa que creaba comics para los editores que carecían de artistas propios. El primero de aquellos comics fue una antología de historias titulada “Marvel Comics” (octubre 1939). La primera edición vendió 80.000 copias y la segunda, un mes después, otras 80.000. Goodman había entrado en el comic a lo grande.
Los dos personajes más importantes de aquel primer número de “Marvel Comics” fueron la Antorcha Humana, creado por Carl Burgos; y el Sub-Mariner, ideado por el fenomenal bebedor irlandés que era Bill Everett. Eran dos héroes de lo

El éxito de “Marvel Comics” llevó a Goodman a contratar a Joe Simon, un joven de clase media que había trabajado en Funnies Inc, para encargarle un nuevo héroe de acción. El resultado que presentó Simon se parecía mucho a otro personaje de comic llamado Escudo. Simon lo bautizó originalmente “Super American”, pero rápidamente

De Kirby (nacido Jacob Kurtzberg en 1917) se decía que había nacido con un lápiz en la mano. Y aunque semejante afirmación pueda ser exagerada, sí que empezó a dibujar muy poco después de aprender a caminar. De pintarrajear las paredes del humilde apartamento neoyorquino donde vivía con su familia pasó a dibujar para el club juvenil local antes de encontrar empleo haciendo pequeños trabajos de relleno para periódicos y, más tarde, labores de animación para los Estudios Fleischer. Cansado de esa labor tan repetitiva, el joven Kirby descubrió la industria de los comics y se unió al taller de Eisner y Iger, donde por primera vez comenzó a firmar sus dibujos como Jack Kirby. Fue alrededor de 1940 cuando, mientras trabajaba para la agencia Fox Features Syndicate, conoció a Joe Simon. Lo siguiente sería la creación del Capitán América.

Goodman quería comprar el Capitán América, pero Simon no era tan iluso. Sabía que tenía

Semejante acuerdo cayó como un bombazo en la industria. Pero aún más importante fue el lanzamiento de “Captain America” nº 1 en marzo de 1941. La tirada se vendió entera en cuestión de días y la segunda superó el millón de copias. Pronto, Jack y Joe estaban tan ocupados creando comics para la editorial que necesitaron un ayudante. A finales de 1940, entra en escena Stan Lee, primo de Jean Goodman, la esposa de Martin. Había nacido en 1927 en Nueva York y acabó trabajando para su pariente en Timely tras una larga serie de variopintos trabajos eventuales.

Pero principalmente su tarea principal, por ocho dólares semanales, consistía en preparar café, ocuparse del correo y borrar las líneas de lapicero de Kirby tras el entintado de sus páginas. Su actitud jovial y ruidosa (se subía por los archivadores, galopaba por el estudio y tocaba la ocarina) mereció más de una reprimenda por parte de un Jack Kirby que lo consideraba un enchufado por ser pariente del jefe.
A pesar de sus ocasionales diferencias, Jack, Joe y Stan disfrutaban de su trabajo en la


Jack y Joe continuaron sus carreras en DC, donde Jack Liebowitz les había prometido doblarles los honorarios y apoyar sus comics con fuertes campañas publicitarias en sus otras revistas. Allí crearían series tan populares como “Boy Commandos”, “Boys Ranch” o “Manhunter”.
Mientras tanto, Timely Comics pasó los años de guerra disfrutando de una gran prosperidad.

No hay mejor analogía para subrayar la dispar suerte de Lee y Kirby que sus respectivas experiencias en la guerra. Ambos se alistaron voluntarios y cuando Stan le dijo a su oficial al mando que trabajaba en la industria del comic book fue destinado a dibujar manuales de entrenamiento y posters de advertencia contra las enfermedades venéreas. Cuando Kirby dijo que había dibujado el Capitán América, sus comandante le envió a una sección de reconocimiento de infantería para que dibujara mapas detallando las posiciones enemigas, uno de los trabajos más peligrosos del frente de combate (de hecho, casi perdió las piernas por congelación y sufrió estrés

Después de la guerra, Kirby continuó tratando de ganarse la vida en el mundo del comic,

¿Qué había ocurrido?
Desde que empezara en la industria del comic book, Goodman había tardado poco en convertirse en su editor más prolífico. Pero eso no equivale a decir que fuera el más original. En cuanto detectaba que un título de la competencia tenía buenas ventas, ordenaba a su personal que se sacara de la manga una copia de aquél. Durante estos primeros años, Timely se aventuró en los más diversos géneros: humor (“Comedy Comics”, “Joker Comics”) “funny animals”, comics para chicas adolescentes (“Millie the Model”, “Patsy Walker”, “Nellie the Nurse”), policiacos, románticos, terror y western. Además, cambió su nombre –brevemente- por el de Marvel Comics y se mudó desde sus oficinas en la calle 42 a unas nuevas instalaciones en el Empire State Building.

Ya en los cincuenta, la suerte Marvel –ahora conocida como Atlas Comics- fue un desfile de altibajos. Goodman reunió capital para fundar, en diciembre de 1951, su propia distribuidora, Atlas New Company. Para ello hubo de desmantelar su “Bullpen” o estudio de artistas, enviando a muchos de ellos a la calle. Por otro, se trasladaron a unas oficinas más baratas –y más pequeñas- en Park Avenue. En ese ambiente de recorte de costes, Stan Lee se convirtió en el hombre para todo: editaba, escribía, ejercía de director artístico, diseñaba las portadas y controlaba el departamento de producción.
Contando con su propia distribuidora, Goodman estaba preparado para inundar el mercado.

Y así fueron las cosas, año tras año. Sin vergüenza ni pudor alguno, Goodman recurría al plagio evidente y poco original. La única razón por la que no lo inundaron de demandas fue porque se cuidó muy mucho de copiar nada de la poderosa DC Comics y porque, al fin y al cabo, sus competidores sabían que, en el fondo, también sus personajes eran plagios de otros que ya habían aparecido antes en el ámbito de las revistas pulp.
(Continúa en la próxima entrada)
Extraordinario aporte como siempre Manuel. Ciertamente, la figura de Goodman es la gran ignorada en la génesis Marvel
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