(Viene de la entrada anterior)
Aunque sin duda los números dibujados por Neal Adams, que empezaremos a comentar en la siguiente entrada, son los mejores de la Guerra Kree-Skrull, hay que admitir que estos primeros episodios a cargo de Sal Buscema tienen una eficacia y honestidad que quizá puedan apreciarse mejor siendo un lector de superhéroes veterano. Adams fue un artista revolucionario con un impactante sentido del realismo y una narrativa sofisticada, pero Buscema tenía ese sabor del artesano local capaz de ofrecer un producto básico pero funcional. A ello se añade en este caso en particular, que el número 90 (julio 71) está en buena parte ambientado en la selva y, como se había visto en el nº 88, por alguna razón esas localizaciones parecían sacar lo mejor de Buscema en aquella época.
En el episodio anterior, el Capitán Marvel se había liberado
de su cautiverio en la Zona Negativa pero no sin sufrir una irradiación
excesiva que amenazaba no sólo con matarlo a él sino con destruir el planeta.
También su mente se vio afectada por lo que los tres Vengadores disponibles,
Mercurio, Bruja Escarlata y Visión, tuvieron que atraparlo con la ayuda de Rick
Jones, llevarlo al Hospital de Cabo Kennedy y descontaminarlo. Mientras tanto,
en el Imperio Kree, Ronan el Acusador dio un golpe de estado y arrebató el
control del mismo a la Inteligencia Suprema, activando al Centinela 459 para
que mate a su odiado enemigo, Mar-Vell.
El imparable robot irrumpe en la sala de recuperación del hospital donde el Capitán Marvel sigue inconsciente. Los Vengadores intentan contenerlo sin éxito (Visión aún está débil tras agotar su energía solar para ayudar a descontaminar a Marvel). Sentry coge al exánime pero ya consciente Mar-Vell, desvelando que se ha puesto en marcha el Plan Atavus, lo que lo deja horrorizado antes de desmaterializarse junto a su captor.
Derrotados y desconcertados, los Vengadores no saben dónde
dirigirse para recuperar a su aliado y, mientras vuelan de regreso a Nueva York
en el quinjet, le piden a Rick Jones que les cuente todo lo que, gracias a su
relación con Mar-Vell, sabe sobre los kree. Empieza entonces una secuencia de
flashbacks que nos narran, primero, lo ya visto en las historias de complemento
de los Inhumanos que aparecieron en los números 146 y 147 de “Thor”
(noviembre-diciembre 67), donde se explicaba cómo los Kree visitaron la Tierra
y propiciaron el nacimiento de una especie humanoide más desarrollada que se
convertiría en los Inhumanos. El Centinela 459 se quedó para supervisar su
progreso mientras construían la isla-ciudad de Attilan y creaban las Nieblas
Terrígenas con las que dotarse de superpoderes. A continuación, Jones recuerda
los primeros encuentros de los Cuatro Fantásticos con el Centinela y Ronan y la
trayectoria inicial del Capitán Marvel (de esto ya hablé en la entrada
anterior).
Al llegar a la Mansión de los Vengadores, ven una alarma que indica que tienen un mensaje esperando. Lo dejó Goliath, que había regresado de su misión en el Pacífico con el Capitán América, el Halcón, Iron Man y Thor. Mientras esperaba a los tres compañeros ausentes, recibió una llamada de auxilio de Janet Pym desde Alaska (recordemos que en el número 75, ella y Chaqueta Amarilla habían abandonado temporalmente el grupo para embarcarse hacia el norte en una misión científica del gobierno. La Avispa regresó brevemente para unirse a las Liberadoras). Sin saber dónde estaban sus amigos ni cuánto iban a tardar, Barton cogió un quinjet y salió en su busca esperando que los demás lo siguieran al escuchar el mensaje. Y así fue. Rick Jones los acompañó.
Goliat se reúne con Jan, quien le cuenta que ella y Hank
perdieron el contacto con uno de los puestos científicos establecidos para estudiar
los efectos de la extracción petrolera en la fauna de Alaska. Tras encogerse a
sus tamaños de Avispa y Chaqueta Amarilla respectivamente, volaron hasta el
lugar para investigar, encontrando una zona circular en el hielo ocupada por
una incongruente selva, al parecer generada por los rayos emitidos desde una
extraña estructura giratoria en su centro. Al acercarse, fueron atacados por
una libélula enorme. Hank usó su cibercasco para domarla, montando ambos en
ella para continuar acercándose a su objetivo. Sin embargo, en un momento
determinado, Chaqueta Amarilla pareció darse cuenta de lo que estaba
sucediendo, golpeó a Jan para dejarla inconsciente y la llevó a un lugar seguro
mientras él mismo penetraba en la zona misteriosa. La libélula murió de frío
antes de llegar muy lejos y Jan llamó entonces a los Vengadores.
Goliath regresa a su quinjet y, de forma bastante poco
considerada, abandona a la Avispa mientras va a investigar en solitario. Sus
pensamientos nos dicen que: “No puedo
trabajar con mujeres alrededor desde que Natasha y yo rompimos”, cosa que
sucedió en el nº 76. Pero entonces, el rostro de Wanda reemplaza al de Natasha
en su mente, revelando que, aunque insiste en negarlo, el objeto de sus afectos
ha cambiado. Aterriza y al poco rato es atacado por lo que parece un gran
perezoso mutado. Consigue derrotarlo, pero Ronan el Acusador y el Centinelan lo
atacan por la espalda y lo dejan inconsciente.
Mientras tanto, los demás Vengadores llegan a la zona selvática en otro quinjet, tras haber recogido a la Avispa por el camino. Se encuentran con el Centinela y Goliath, controlado ahora mentalmente por Ronan. Se desencadena una pelea y la Avispa cae inconsciente por un manotazo de Goliath.
El combate está siendo observado desde su base –la
estructura emisora de rayos- por Ronan, quien tiene prisionero al Capitán
Marvel. El villano le informa al cautivo de sus planes: “Mi meta es la destrucción de la Humanidad mediante el Plan Atavus,
cuyas bases plantaron nuestros antepasados cuando descubrieron este planeta (…)
El barrido de los evolu-rayos de la ciudadela ya aumenta con cada giro, con
cada arco, y todo tipo de vida en su trayectoria, incluso los mismísimos
elementos, resultan afectados, devueltos, en la escala evolutiva, al estado que
tenían cuando los kree los encontraron hace eones. Y el retroceso no acabará,
hasta que un millón de años de historia humana en este planeta queden
erradicados…borrados”. Ronan tiene razones para preocuparse por los
humanos. El que los superhéroes de la Tierra hayan podido derrotar a las
fuerzas Kree en varias ocasiones marca al planeta como una posible amenaza
futura para el Imperio Kree, y el Plan Atavus evitará que eso suceda. La última
imagen del episodio es a la Avispa inconsciente e indefensa ante un Chaqueta
Amarilla convertido en una especie de mono grotesco y agresivo.
No hace falta ser un doctorado en biología para cuestionarse
seriamente la “ciencia” descrita aquí. Pero nada de eso importa, por supuesto.
En términos narrativos, es más entretenido si Hank Pym se convierte en una
especie de salvaje enorme y enloquecido que no se parece en nada a cómo eran
realmente los antepasados del homo sapiens que en un ser parecido a un mono
frugívoro de sesenta centímetros. La opción de Roy Thomas le permite cerrar el
capítulo con un clímax clásico en el que la dama se encuentra en peligro mortal
amenazada por un monstruo.
Climax que se resuelve en el número 91 (agosto 1971), cuando Ronan observa desde su fortaleza que el involucionado Pym titubea a la hora de matar a garrotazos a la desvanecida Janet, optando en cambio por llevársela consigo. Es un movimiento ambiguo. El lector puede pensar que la ha reconocido y algo en su cerebro asilvestrado ha despertado su instinto de protección. Ronan tiene un punto de vista más cínico, claro: “De haber sido un humano varón, el golpe fatal se habría asestado. No hay de qué preocuparse. El salvaje sólo desea una pareja. Es natural en un mundo bárbaro como este, donde la concepción de hijos aún no se ha reemplazado por prácticas más civilizadas”.
Mientras tanto, los evolu-rayos siguen transformando el
ecosistema y Ronan le dice al prisionero Mar-Vell que incluso Goliath acabará
sintiendo sus efectos, convirtiéndose “en
un farfullante bruto sin cerebro”. Las únicas incógnitas son Visión y los
gemelos Maximoff, que podrían ser inmunes a los efectos de esa radiación
gracias a su naturaleza robótica en un caso y su origen mutante en el
otro.
Los Vengadores siguen enzarzados en su batalla contra el Centinela y el Goliath hipnotizado y parece que las tornas se están volviendo a su favor. Rick Jones lanza una piedra contra la cabeza del robot y un hechizo de la Bruja Escarlata magnetiza los fragmentos, que se adhieren a su cabeza y lo ciegan. Mercurio rebota en la cabeza de Goliat a supervelocidad y Visión arriesga la vida del gigante atravesando con su mano intangible el pecho y luego materializándola ligeramente, lo que le provoca a Barton un shock y el consiguiente desmayo.
Pero entonces, el Centinela se libera y cuando Visión
intenta repetir su truco, el robot neutraliza el ataque y lo vuelve contra él,
dejándolo aparentemente sin vida. Wanda corre a su lado para ayudarle, pero es
derribada por una descarga de energía proveniente del inmóvil cuerpo del
sintozoide. Pietro, angustiado, intenta llegar hasta su hermana, pero un muro
de llamas creado por el Centinela se lo impide y Rick lo convence de que la
mejor táctica es huir y trazar un plan. El dúo ve a otros tres hombres-simio
que habían sido técnicos del gobierno en el puesto científico de la zona. Éstos
se disponen a atacar a Hank para arrebatarle a Janet, pero éste aún conserva
algunas de sus habilidades de combate y los rechaza. Una vez despierta, la Avispa
podría encogerse y volar, pero el amor la mantiene al lado de su esposo.
El Centinela lleva al inconsciente Goliath a la ciudadela.
Visión y la Bruja Escarlata ya se encuentran allí, conscientes. Están a punto
de reconocer su afecto mutuo y besarse pero, en el último momento, Visión se
echa atrás: “¡No! ¡No puede ser! Porque
soy un androide, una simple copia de un ser vivo…¡Una cosa de carne plastoide y
sangre sintética!”. Estas cuatro viñetas son quizá el segmento más relevante
de todo el episodio a largo plazo. Thomas había ido dejando caer anteriormente
algunos indicios sobre los sentimientos de ambos, pero es ahora donde éstos
afloran plenamente. Los lectores modernos no tienen ningún problema para
aceptar esta relación entre una mujer y un androide, pero en sus inicios el
romance entre la Visión y la Bruja Escarlata fue algo revolucionario en el
campo de los comics de superhéroes.
Ronan, que lo está viendo todo, se burla de ellos y se
alegra de que los Kree hayan evolucionado más allá de los sentimientos
amorosos. Si Thomas había tratado con sutileza y emotividad el romance entre
Visión y la Bruja Escarlata, con Ronan parece perder aquí los papeles. Y es que
ahora el conquistador Kree decide que convertir a la especie humana en
cavernícolas ya no es suficiente; ahora quiere involucionarla hasta el estadio
de simples amebas. No solamente parece ya un arranque insensato e innecesario
de locura, sino que cabe preguntarse por qué un ser que, tras su golpe de
estado, gobierna un imperio interestelar, tiene que viajar personalmente y en
solitario hasta la Tierra únicamente para pulsar algunos botones y poner en
marcha unas máquinas ¿No podría haberse quedado en el centro de poder Kree y
encargarle a alguien de confianza esta tarea, incluso al mismo Centinela?
Mientras tanto, Pietro y Rick se han acercado sigilosamente
a la muralla de la ciudadela y consiguen abrirse paso hacia el interior. Dentro,
Ronan amenaza con usar una pistola de rayos contra la Bruja Escarlata cuando su
hermano se acerca rápidamente y se la arrebata. Esquiva los ataques del
Centinela mientras Rick destruye el panel de control que mantenía cautivo a Mar-Vell.
Antes de que el combate se decante hacia alguno de los dos bandos y debido al
destrozo causado por Rick con su disparo, la fortaleza empieza a hundirse bajo
el hielo que la había ocultado durante milenios.
En ese preciso momento, Ronan recibe un mensaje de la Galaxia Kree informándole de que el Imperio está siendo atacado masivamente por sus antiguos enemigos, los Skrulls. Como ahora él es el mandatario máximo de su pueblo, debe regresar rápidamente y se teletransporta. Abandonado por su amo, sin órdenes específicas que seguir, el Centinela se sacrifica intentando salvar la base a pesar de la certeza de que tal tarea es inútil. Puede que sea una máquina sin conciencia, pero no carece de cierta nobleza. En cualquier caso, Ronan volverá en el nº 96, aunque el Centinela tendrá que esperar un poco más, hasta que, una vez terminada la guerra contra Thanos, los guionistas Gerry Conway y Bill Mantlo lo recuperen para “Capitán Marvel” nº 47 (noviembre 76).
Goliath despierta ya liberado del control de Ronan y todos
los Vengadores salen rápidamente del lugar antes de que se hunda. Los efectos
del evolu-rayo desaparecen rápidamente y Hank Pym y los tres técnicos recuperan
su forma y mente humanas. En ese momento, Pym confirma la decisión de abandonar
el equipo que ya había tomado en el número 75: “Chaqueta Amarilla no ha sido más que un peso muerto. Lo tomo como un
augurio, gente…Debo quedarme en el laboratorio, donde está mi sitio. En
resumen, lamentándolo mucho, renuncio formalmente como vengador, desde ya”.
Sumisa como siempre a los deseos de su amado, Jan se suma a esa decisión… que,
por supuesto, no será permamente dado que Pym, en su identidad de Hombre
Hormiga, intervendrá en el nº 93 –probablemente a instancias de Neal Adams, que
quería dibujarlo al margen de la dirección que Roy Thomas había fijado ya para
el personaje-. Luego tendrá una historia de complemento escrita por Robert
Kanigher en “Iron Man” nº 44 (enero 72); un cameo como científico en el nº 99
y, por fin, su reincorporación “definitiva” junto a la Avispa para la gran reunión
que será el nº 100 de “Los Vengadores”.
Dejando aparte el breve momento romántico entre Visión y la
Bruja Escarlata, lo cierto es que la mayor parte de este episodio no es más que
mero relleno dado que no hace avanzar la trama ni un ápice. Hank Pym se pasa
prácticamente todo el tiempo siendo un cavernícola; Goliath sigue ayudando al
Centinela en su lucha contra los Vengadores, y Ronan sigue empeñado en
involucionar a todos los humanos, pasándose casi toda la historia alardeando de
sus planes en lugar de asegurarse que funcionan. Mientras tanto, el Capitán
Marvel está prisionero sin nada que hacer más que escuchar las peroratas de su
captor. Sólo al llegar el clímax las cosas empiezan a acelerarse con el fracaso
del plan de Ronan, la vuelta a la normalidad en el Ártico y el estallido de una
guerra galáctica que, en ese momento, parece no tener mayor importancia,
limitándose a ser un conveniente recurso argumental para deshacerse rápidamente
del villano. En fin, que a pesar de la competencia con la que Sal Buscema resuelve
la papeleta, diecisiete de las veinte páginas de este comic no sirven para gran
cosa.
(Continúa en la próxima entrada)
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