(Viene de la entrada anterior)
Aunque Cuervo Rojo se convierte claramente en el auténtico protagonista de la serie desbancando a Dash, Aaron no se detiene en él. Casi cada personaje de la serie experimenta su propia evolución, lo que convierte la larga inercia del supuesto protagonista, Dash, en algo aún más frustrante para el lector. Después de que Carol decida abortar y desintoxicarse, empieza a explorar su lado espiritual, siendo adoptada como sucesora por la chamán del pueblo, la Abuela Oso Pobre.
Aparentemente, Shunka no es más que un asesino implacable leal a Cuervo Rojo, pero cuando nos

Catcher, uno de los militantes raciales que se vieron envueltos en las muertes de los agentes del FBI en los años setenta, también experimenta su propia metamorfosis. El guionista mantiene al lector preguntándose una y otra vez acerca de las motivaciones de sus actos, si tiene un plan definido o es que simplemente está trastornado. Su papel es similar al del coro de una tragedia griega, manteniéndose al margen de la comunidad india pero interviniendo en ella en momentos cruciales.
Baylis Nitz, el agente especial del FBI que supervisa a Dash, también sufre cambios…aunque no en la buena dirección. Incluso un personaje secundario como el sheriff Wooster Karnow, policía del

Quizá la figura más trágica de toda la serie sea Dino Oso Pobre. En el número 2 se nos presenta


En un plano más general, los guiones de Aaron para “Scalped” tratan la pobreza de una forma que rara vez se ha podido ver en los comics. No comulga con las teorías sociales que reducen a los individuos a víctimas sin cerebro ni voluntad de las

Así, “Scalped” no pretende lanzar mensajes positivos que reconforten al lector con la idea de que el individuo audaz puede alzarse por encima de las dificultades si lucha con todas sus fuerzas. Al contrario, sus decisiones están condicionadas por poderes que, por mucho que se empeñe, escapan a su control y oponerse a ellos es agotador, deprimente e infructuoso. Ni siquiera los miembros más enérgicos de la comunidad india, como Cuervo Rojo, pueden escapar a décadas de convivencia con la corrupción y el crimen y, en último término, han de enfrentarse a una alternativa del diablo: o resignarse a vivir como un ciudadano del Tercer Mundo o abandonar cualquier reivindicación de una cultura tradicional que, por principio, se opone a la que la

“Scalped” destaca en el panorama viñetero norteamericano por su refutación explícita a la idea de que los problemas de ese país son culpa de una masa de individuos egoístas y antisociales. Para Aaron, la pobreza no es la consecuencia de la actividad delictiva de los más insolidarios, sino una situación preexistente, impuesta a ciertos –muchos- ciudadanos y perpetuada por un sistema político fuera de su alcance. Pero ello tampoco es óbice para que descargue de responsabilidad a los habitantes de la reserva. Para él, incluso los mejores hombres y mujeres pueden ser corrompidos en mayor o menor grado si viven en un entorno social y económico lo suficientemente degradado. Interpretar a estos personajes como proletarios nobles e inocentes de toda culpa no ayuda a comprender su situación ni, por tanto, mejorarla.
Aún así, muchos de los protagonistas tienen momentos que contribuyen a humanizarlos y sugieren

Es difícil imaginar un final feliz para una serie como “Scalped”, ya que la sociedad que describe no permite, en el mejor de los casos, mas que triunfos individuales muy aislados. Así, Aaron opta por una conclusión tan ambigua e incierta como la vida misma. Ambos misterios, el asesinato de Gina Caballo Loco y el de los agentes del FBI treinta años atrás, resultan estar relacionados y aunque ambos se resuelven, los resultados que arroja la investigación son horripilantes. Por otra parte, gente como Carol o el sheriff Fall Down trabajarán para mejorarse a ellos mismos y a la reserva mientras que

Como era de esperar, “Scalped” creó cierta polémica, especialmente en su andadura inicial ya que es al principio donde se concentra más violencia y sexo, elementos que, aunque nunca desaparecen de la serie, sí se atenúan. En un entorno cultural en el que se tiende a considerar cualquier obra narrada con viñetas como un entretenimiento sencillo e inocuo, incluso infantil, lo que resultaría sorprendente es que no hubiera surgido controversia alrededor del tema de la violencia. Sin embargo, la violencia de este comic no es un mero recurso fácil con el que hacerse merecedor de la etiqueta de “adulto”, sino que responde tanto a la naturaleza del género en el que está inscrito –la serie negra- como por el contexto geográfico, temporal y social en el que se desarrolla. Prácticamente no hay clase de violencia que no se muestre en un momento u otro de la historia: palizas, asesinatos, torturas, mutilaciones, masacres, violaciones… pero también e igualmente importante, maltratos psicológicos de muy diversa índole: chantajes, manipulaciones, amenazas,

Con semejante densidad argumental, puede suceder que se pase por alto el trabajo gráfico del serbio afincado en Barcelona Raul Guera –cuyo auténtico nombre es Rajko Milosevic-. Hay que decir que a primera vista su estilo no resulta en absoluto agradable. Y no porque sea mal artista, sino precisamente porque sus líneas oscuras, gruesas e irregulares reflejan fielmente toda la violencia, desolación y decadencia física y moral que imperan en la reserva. El lector se siente incómodo, incluso agredido, por la dureza del trazo y la tonalidad apagada de los colores, principalmente tonos terrosos, pero también azules oscuros y púrpuras para las secuencias nocturnas y luminosos azules y blancos para las escenas ambientadas en el pasado. La suciedad y los olores casi parecen saltar fuera de la página, tal es su capacidad de plasmar los aspectos más siniestros del Medio Oeste norteamericano.

Es esta, en definitiva, una serie que se apoya en los personajes tanto o más que en la acción. El suspense, el ritmo y la fuerza de los personajes hacen que el lector devore número tras número, no sólo para descubrir la identidad de los asesinos, sino para acompañar a los diferentes personajes en sus vidas cotidianas: una mujer que decide abortar, un muchacho rechazado por la mujer que ama, una pareja de ancianos que trata de sobrevivir en condiciones económicas extremas, un niño en busca de venganza por el asesinato de sus padres… Aaron y Guera nos ofrecen, por tanto, una historia de género negro que

“Scalped” es uno de los mejores títulos que han pasado por la línea Vértigo, y eso no es poca cosa. Pero dicho esto, no es un cómic para quienes se ofendan fácilmente. Es necesaria cierta disposición mental a la hora de abordarlo porque sus páginas no son agradables, no te sentirás bien leyéndolas ni te confortarán asegurándote que los males del mundo se pueden arreglar luchando dura y honradamente y que, al final, el bien prevalecerá. Con todo, paradójicamente, una vez hayas empezado, no podrás dejar de pasar la página una y otra vez, seducido por la intensidad de unos personajes que viven, aman y mueren atrapados en el fondo más oscuro y olvidado del abismo social.
Aaron pasó luego a escribir comics de superhéroes Marvel, algunos buenos y otros no tanto, pero es probable que quizá no pueda volver a embarcarse en un proyecto tan personal como “Scalped” porque ya a nadie le interese. Una pena.
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