8 jul 2023

2017- LA ENCRUCIJADA – Paco Roca y Jose Manuel Casañ

 

La música rock y los comics han mantenido desde siempre una relación cercana y no es difícil ver por qué: ambos son artes que han nacido al amparo de la cultura popular, que nacieron pensados para el consumo fácil e inmediato de públicos jóvenes y que, con el tiempo, se sofisticaron y ampliaron su espectro conceptual y estilístico para llegar a un gran sector de la población. Ambos medios han compartido una estética común en múltiples ocasiones, influyendo el comic en portadas, posters o vestuarios; mientras que modas y fenómenos que se sucedieron en la historia del rock hallaron traslación al comic, que, o las integró en sus historias o en la sensibilidad con la que éstas se narraban. Los artistas de un campo, en definitiva, se inspiraban en los del otro.

 

El ascenso al estrellato por parte de los artistas de una y otra disciplina siempre ha sido difícil y la mayor parte de quienes soñaron con ello se quedaron por el camino. Pero está claro que el estatus de los dos compañeros de viaje no es el mismo. La aceptación social del rock y el triunfo de la industria surgida a su alrededor han sido más rápidos y extendidos que los del comic. Las estrellas de la música popular son celebridades mundialmente conocidas que llenan los estadios de varios continentes mientras que los mejores autores de comic apenas consiguen trascender el círculo de los aficionados (con las ilustres excepciones de siempre, claro) aun cuando sus creaciones se conviertan en propiedades intelectuales milmillonarias.

 

Son abundantes los comics que se han ambientado en el mundo de los grupos y las giras, que han incluido a algún personaje ilustre del panteón rock o que han glosado la vida y obra de bandas y solistas. Pero con “La Encrucijada”, Paco Roca propone una aproximación muy diferente, una exploración de lo que une y separa a dos creadores, uno de viñetas y el otro de música, utilizando la excusa de la grabación de un álbum para profundizar en ambos medios.

 

Como el propio Paco Roca confiesa en “La Encrucijada”, si hace comics es porque ello le permite conocer a fondo aquellos temas que le fascinan y, a través de ellos, a sí mismo. Y en este caso, ese tema es la música. En las primeras viñetas nos dice que conoce el valor del silencio en la narrativa gráfica y que le interesan especialmente aquellas escenas en las que las imágenes dicen más de lo que podrían transmitir las palabras. Pero en su propia vida, teme al silencio. La música le acompaña y le inspira continuamente. Y de ahí nace el proyecto mixto que es “La Encrucijada”.

 

 Es difícil encontrar un título más idóneo para este comic. La palabra “encrucijada” tiene dos acepciones, y las dos están presentes en la obra. Por una parte, “lugar donde se cruzan varios caminos o calles de distinta dirección”. Y es que esta obra nació como la confluencia, la encrucijada podríamos decir, entre dos creadores muy desiguales que han desarrollado sus carreras en ámbitos diferentes pero, como queda claro a lo largo del comic, con más similitudes de lo que podría pensarse. El historietista Paco Roca y el músico Jose Manuel Casañ, fundador y líder del veterano grupo musical Seguridad Social, se conocieron en un programa de radio en el que participaban como contertulios. La complicidad fue inmediata y ambos se dieron cuenta de que no sólo compartían intereses y sensibilidades sino una permeabilidad a todo lo que veían y escuchaban. Tras sucesivos encuentros surgió la idea de hacer un proyecto conjunto que mezclara el comic y la música.

 

La otra acepción es la de “situación difícil o comprometida en la que hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger”. Y de eso hay también mucho en este comic. En primer lugar, porque la gestación y desarrollo del proyecto se dilató nada menos que cuatro años debido a los abundantes retrasos, interrupciones, cambios de dirección imprevistos y las propias dudas de Roca respecto a cómo enfocarlo. La energía de Casañ le llevó a completar su parte, la musical, con relativa rapidez, pero Roca se encontró con más dificultades. No sólo tenía que atender simultáneamente otros compromisos profesionales (como la realización de “Los Surcos del Azar” o la adaptación al cine de “Memorias de un Hombre en Pijama” sino que su labor implicaba un proceso intelectual de síntesis, abstracción, planificación y representación a priori más compleja que la composición de las canciones, quizá más instintivo.

 

Y, en segundo lugar, porque los propios autores, en el curso de sus conversaciones, confiesan las numerosas ocasiones en las que, a lo largo de sus respectivas carreras, se encontraron en la tesitura de elegir entre varias posibilidades mutuamente excluyentes que determinarían su destino, empezando por la más básica: dedicarse o no a aquello que les apasiona u optar por una profesión más estable; en el caso de Casañ, inclinarse por tal o cual estilo de música, asumir nuevas influencias o resignarse a repetir una y otra vez el mismo molde; avanzar y arriesgarse a ganar y/o perder público por el camino… en el de Roca, se trataba de elegir el tipo de comic que quería hacer y qué historias narrar. Como dicen en un momento determinado: crear es dudar, y quien no duda es que ha elegido el camino fácil y cómodo, sin encrucijadas en definitiva.

 

La obra está estructurada en tres bloques. Uno inicial, en el que Roca hace algunas reflexiones personales sobre su relación con la música, explica cómo empezó a tomar forma el proyecto y, poco a poco y no sin retrasos y titubeos, encarriló el mismo junto a Casañ: La colaboración consistió en charlas informales a partir de las cuales surgieron ideas para una colección de canciones que ilustrarían una evolución de la música popular, empezando por las raíces del blues, el country, el rockabilly, la rumba, la psicodelia, el reggae, el son o el rock latino de los setenta.

 

Una vez establecido el tono y ambientación de cada tema, Casañ escribía la letra y música de las canciones mientras que, por su parte e independientemente, Roca daba forma a pequeñas píldoras narrativas en forma de viñetas con bloques de texto separadas al pie, utilizando estilos gráficos reminiscentes de la época dorada de cada uno de esos estilos musicales. Estas canciones/poemas gráficos están intercalados en largas pero muy entretenidas y didácticas escenas en las que Roca y Casañ conversan sobre el proceso creativo, la evolución personal y profesional que han tenido en sus respectivos campos, sus influencias, la situación de la industria y las trampas que ésta tiende a los creadores, los efectos de la fama, su vida cotidiana, lo que esperan conseguir con sus trabajos…

 

El resultado es una obra bicéfala: por una parte, un disco de Seguridad Social compuesto por esta colección de canciones (incluido en la edición que del comic hizo Astiberri y fundamental para que el lector disfrute de la experiencia integral y comprenda la coherencia del proyecto y la sintonía de sus autores); por otra, el comic propiamente dicho, que incluye como apéndices las letras de las canciones escritas por Casañ. Esa combinación nos brinda una perfecta imagen –y sonido- de cómo surge y opera la creatividad, la manera en que cada autor, cogiendo los mismos conceptos, ideas, sonidos e historias, los filtra a través de su propia experiencia y sensibilidad para dar un resultado diferente pero complementario.

 

El dibujo de Roca tiene un aire espontáneo, suelto y ligero, sin “cargar” en exceso de detalles los fondos ni las figuras pero contextualizando bien la acción con los elementos y trazos precisos. Es un estilo acorde con el propio espíritu de la obra, una recolección biográfica en la que tienen mucha importancia conceptos abstractos cuya plasmación gráfica supone todo un desafío para el autor: cómo la música despierta la creatividad, un niño que se introduce con su imaginación en una aventura, cómo un autor ve recortado sus beneficios por los tejemanejes de la industria, la obsesión por el dinero, la dinámica del ascenso a la fama, el fracaso de una banda antes de empezar, el riesgo de salirse del camino trillado… Son alegorías gráficas originales que van punteando una narración por lo demás monótona (no hay muchas formas de dibujar a dos personas conversando durante horas). Asimismo, es muy interesante el ejercicio de versatilidad que hace Roca utilizando diferentes registros estilísticos para cada estilo musical, inspirándose en los grabados decimonónicos, los comics de George McManus, los dibujos animados de Disney, Escobar de la Escuela Bruguera, el grafismo pop sesentero de “El Submarino Amarillo” e incluso cierto aroma a Moebius…

 

En su corazón y espíritu, “La Encrucijada” no es tanto un comic narrativo convencional como un documental sobre algo que, sin ser fundamentalmente nuevo, sí está expuesto con un gran espíritu didáctico y un enfoque personal: La inseguridad del creador, las presiones del público y la industria, los managers ambiciosos, los problemas derivados de colaborar con terceros, la necesidad de estar siempre en movimiento… todo tiene cierto aire de deja-vu. Pero, dicho eso, la sinceridad, naturalidad e incluso sabiduría que destilan las charlas entre los dos amigos es innegable.

 

Un comic para amantes de ambos medios…o de uno solo de ellos. Quienes gusten de la música, encontrarán aquí una disección del proceso creativo; la industria que lo sostiene, fomenta, dirige y corrompe; la evolución del rock latino a nivel internacional y la trayectoria de un veterano grupo nacional; los interesados en el comic, tendrán la oportunidad de estudiar cómo puede utilizarse el lenguaje del medio para combinar lo educativo con lo íntimo y lo alegórico con lo cotidiano. Como todo lo que sale de la cabeza y las manos de Roca, interesante por su tema, planteamiento y ejecución.

 

 

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