(Viene de la entrada anterior)
A mediados de 1972, Roy Thomas llevaba ya seis años ininterrumpidos escribiendo las historias de “Los Vengadores” y no tenía motivo alguno para suponer que su etapa en la serie no se extendería por seis años más. No estaba fatigado con el proyecto ni tampoco sentía la obligación de quedarse en el título sólo para dar salida a todas las ideas que bullían en su mente. De hecho, a decir de él mismo, vivía al día: cada vez que completaba un número o un arco argumental, se ponía a pensar en el siguiente.
No obstante, su coyuntura personal y profesional era
complicada. Fueron me
ses difíciles durante los cuales le resultó imposible
concentrarse en la elaboración de sus guiones con la dedicación deseada; y ello
debido, en primer lugar, a que su matrimonio con Jean (con quien se había
casado en 1968) estaba atravesando serias dificultades, culminando en su
separación pocos meses después. En segundo lugar, sus responsabilidades
laborales en Marvel se incrementaban constantemente conforme Stan Lee iba centrando
su atención en otros aspectos de la compañía, delegando en él la supervisión
del material a publicar.
No es de extrañar, por tanto, que, cuando viera la oportunidad, echara mano de ideas ajenas para sacar adelante el siguiente número. Y eso es lo que hizo con el nº 101 (julio 72) de “Los Vengadores”.
Unos años antes, en 1968, el nº 7 del fanzine “Comic Art” -editado
por Don y Maggie Thompson, quienes más tarde dirigirían la p
ublicación
especializada “Comics Buyer's Guide”-, había presentado una sinopsis de varias
páginas titulada "Cinco Maldiciones para Salvar el Mañana", escrito
originalmente por el renombrado autor de ciencia ficción Harlan Ellison y con
Hawkman, el héroe de DC, como protagonista. Ellison se la había presentado al entonces
responsable del personaje, Julius Schwartz, quien la había rechazado por
considerarla excesivamente sofisticada para el público lector de DC. Con la
aprobación de Ellison, los Thompson optaron por cambiar los nombres de los
personajes principales, sustituyendo a Hawkman y Hawkgirl por “Hawk" y
"Greyhawk", y publicaron la historia en su revista.
A Thomas le gustó aquel relato y ahora, por las razones
antes expuestas, decidió ahorrarse parte del trabajo creativo reciclándolo y
convirtiéndolo en una historia de Los Vengadores. No le costó trabajo convencer
a Ellison, quien no sólo era un gran aficionado a los comics, sino que un año
antes ya había colaborado con Thomas en la historia de Hulk (nº 140, junio 71)en la que éste era reducido de tamaño hasta entrar en un mundo subatómico en el
que con
ocía a la princesa Jarella (y cuyo inicio estuvo en “Los Vengadores” nº
88).
Los Vengadores supervisan una partida de ajedrez financiada por Tony Stark en la que van a competir el gran maestro Sporadnik y el ordenador Nimrod (este cómic se publicó mucho antes de que los ordenadores empezaran a jugar contra maestros del ajedrez. Se menciona en el texto que como Bobby Fischer no pudo participar, tuvieron que elegir a otro. Fischer no jugó contra una máquina hasta 1977). El jugador humano pierde el conocimiento durante la partida al intoxicarse con un un raro veneno amazónico con el que se ha impregnado uno de sus peones. Thor, en su identidad del doctor Donald Blake, lo trata en el hospital pero incluso conociendo la causa, no puede sacar a Sporadnik del coma. Sólo el responsable podría resolver el problema. Mientras tanto, lo sucedido con el maestro ajedrecista –cuyo acento sugiere un origen eslavo- está causando un incidente internacional.
Esa noche, un individuo llamado Leonard Tippit sale de su
escondite dentro del ordenador, sólo para encontrarse con la Visión, quien lo
estaba esperando al sospechar que el ordenador había sido manipulado para
obligar a Sporadnik a tocar el peón envenenado en el momento preciso. El cuerpo
de Tippit comienza a brillar y, tras una breve pelea, el Vengador cae
inconsciente. Entra en escena el Capitán América, quien había sido un héroe
para Tippit en su infancia, lo que le lleva a contenerse dándole la oportunidad
a aquél de dejarle fuera de combate. Aparecen los demás Vengadores, que también
sospechaban que el ordenador estaba de algún modo involucrado. Pero Tippit,
inconsciente, desaparece a través del suelo y los Vengadores son lanzados fuera
del tiempo y el espacio donde van a ser testigos de la cadena de
acontecimientos que les ha llevado hasta allí.
Dos noches antes, Tippit recibió la visita del Vigilante,
quien le dijo que era el único capaz de evitar, en todos los futuros posibles,
una guerra nuclear. Pero para hacerlo, debe matar a cinco personas inocentes
que, de una manera indirecta, serán las responsa
bles de ese apocalipsis. A tal
fin, el Vigilante le otorga el poder de convertirse en un ser de energía mental
pura.
Los Vengadores, conocedores ahora de la situación tras regresar de esa especie de poco explicado trance, deciden salvar a esas futuras víctimas de Tippit. Para los héroes, la muerte de inocentes es un precio demasiado alto incluso para salvar el mundo. Se dividen en equipos para proteger a cada una de esas personas dispersas por todo el planeta, pero ninguno logra impedir su asesinato a manos de Tippit. Sin embargo, el uso continuado de su poder ha hecho mella en él y Wanda logra reducirlo.
Los Vengadores llevan al inconsciente Tippit a la Mansión,
donde lo conectan a un Regresor Mental ideado por Iron Man que impide que
recupere su poder. Entonces aparece el Vigilante y les dice que el propio Tippit
es un peligro para el futuro de la Tierra. Las cinco víctimas inocentes
habían
sido tan sólo una artimaña para que los Vengadores se involucraran en su
captura. Ahora que ha perdido sus poderes, el Vigilante puede llevárselo sin
correr el riesgo de causar la catástrofe que, involuntariamente, él hubiera
provocado. Las cinco personas atacadas por él se recuperarán.
Ante este nuevo giro, Los Vengadores afirman que el propio Tippit es inocente, puesto que no tenía intenciones de provocar la futura guerra. Dispuestos a enfrentarse con el Vigilante para impedir que lo saque de la corriente espacio-temporal, les detiene el propio Tippit, quien les pide que, por el bien del futuro, lo dejen ir y que, al menos, lo recuerden como el Hombre que salvó la Tierra.
Tras contar con Neal Adams y Barry Smith como dibujantes en
las dos últimas sagas de “Los Vengadores”, Roy Thomas tenía difícil, cuando no
imposible, encontrar un sustituto a la misma altura. El elegido fue Rich
Buckler, a quien conocía de los tie
mpos en los que ambos eran miembros muy
activos del fandom. Buckler realizó su primer trabajo profesional cuando aún
era adolescente (cuatro páginas para el “Flash Gordon” nº 10, noviembre 67, de
King Features). En 1971, trabajó para Skywald Publications hasta que su intento
de salir con la hija del copropietario de esa editorial propició su despido. En
DC Comics, dibujó las historias de apoyo de "Rose and the Thorn" en “Superman's
Girl Friend, Lois Lane” nº 117–121 (diciembre 71- abril 72). El presente número
de “Los Vengadores”, inaugurando su breve etapa como dibujante regular de la colección,
fue su segundo trabajo para Marvel tras una historia para “Where Monsters Dwell”
nº 15 (mayo 72)
Hay un motivo por el que Rich Buckler, pese a ser un
profesional fiable que dibujó prácticamente a todos los personajes importantes
de Marvel y DC, no suela aparecer nunca en las listas de artistas más
importantes del comic de superhéroes. Y ese motivo es su falta de personalidad
gráfica. O, al menos, esa es la crítica que a menudo se le ha dirigido. Es
cierto que su habilidad para i
mitar los estilos de otros dibujantes le valió
ser elegido por los editores para encargarse de colecciones que habían perdido
a su artista titular con el fin de asegurar una continuidad y coherencia
gráficas. Que Buckler tenía un gran talento narrativo e ideas propias lo
demostraría no mucho después en “Deathlok” (1974), pero, por el momento, ya
fuera por iniciativa propia o porque así se lo pidió Roy Thomas, lo que hizo en
estos números de “Los Vengadores” fue tratar de remedar tanto a Neal Adams como
a John Buscema, los dos mejores dibujantes que habían pasado por la colección. Esto
puede detectarse fácilmente en ciertas composiciones de viñeta, encuadres y
formas de abordar la anatomía y expresividad de los personajes.
El Capitán América, Iron Man y Thor se reincorporaron a los
Vengadores para la Guerra Kree/Skrull y luego se quedaron para ayudar a
encontrar a Ojo de Halcón, lo que desencadenó el conflicto con Ares en los
números 98-100. La prohibición de utilizarlos en el grupo que había impuesto
Stan Lee años atrás y que tantos quebraderos de cabeza le había dado a Roy
Thomas, estaba ya descart
ada por simple abandono del editor -dado que éste,
como he dicho, se había desentendido mayormente del día a día editorial-. Así
que Thomas ya no tuvo ningún problema para incorporarlos como miembros
recurrentes del grupo como si siempre hubieran estado allí, cuando lo cierto es
que durante la mayor parte de la historia de la colección hasta ese momento,
habían estado ausentes.
El Vigilante fue presentado en “Los Cuatro Fantásticos” nº 13
(abril 63), donde Reed Richards y compañía lo descubrieron viviendo en el Área
Azul de la Luna. Uatu (aunque su nombre no se revelará hasta “Capitán Marvel”
nº 39, julio 75) pertenece a una raza alienígena de inmenso poder dedicada a
observar el Universo, pero sin interferir jamás (una promesa que este individuo
en concreto, obviamente, rompe aquí, y no por primera vez). La descripción que
hace el Vigilante de las líneas temporales alternativas difiere un poco de la
versión estándar que suele usar Marvel:
no sólo la realidad se ramifica hacia
el futuro, creando universos alternativos, sino que el momento actual también
puede tener múltiples pasados alternativos.
Sea como sea, “Cinco Muertes para Salvar el Mañana” es un episodio muy mediocre. Se supone que los Vengadores deben defender a cinco personas que, les han dicho, algún día iniciarán la Tercera Guerra Mundial. Y no sólo fracasan estrepitosamente, sino que luego resulta que su asesino, Tippit, es quien iniciará el apocalipsis nuclear. Para colmo, los muertos no están muertos y, al final, el Vigilante se lo lleva no se sabe a dónde. En fin, un sinsentido. Ni siquiera el Vigilante se parece al que ya conocíamos después de tantos años interactuando con los héroes Marvel. En un intento de justificar su absurdo comportamiento, los eventos narrados aquí se reinterpretaron ligeramente a posteriori en el juicio de Uatu por parte de sus semejantes en el mencionado “Capitán Marvel” nº 39.
Y si para el nº 101 Thomas recurrió a Harlan Ellison, para
el 102 (agosto 72), ado
pta una idea de Chris Claremont. Aunque había nacido en
Londres, su familia se mudó a Estados Unidos cuando él tenía solo tres años, y
se crió principalmente en Long Island, Nueva York. Desde niño, fue un ávido
lector, alimentando su sentido de la maravilla con autores de ciencia ficción
como Robert A. Heinlein, así como con las obras de Rudyard Kipling y C.S.
Forester (el creador del marino Horatio Hornblower). En su infancia, su escaso
interés por los deportes le marginó de la vida social juvenil de los suburbios
y su abuela le compró una suscripción a la revista británica de comics “Eagle”,
donde se publicaban las aventuras de “Dan Dare”, personaje que encontraba más emocionante
que las historietas de superhéroes estadounidenses de la época.
Estudió Arte Dramático y Ciencias Políticas en el Bard
College (una universidad privada de artes liberales ubicada en Annandale-on-Hudson,
Nueva York), graduándose en 1972. Todavía estudiando, con 19 años y para
conseguir unos créditos universitarios obligatorios, realizó unas prácticas de
dos meses en Marvel Comics c
omo "gofer" (asistente y recadero), un puesto
que eventualmente lo llevó a ser contratado como ayudante de redacción. A pesar
de no tener la intención de hacer carrera en los cómics, se quedó y, con el
tiempo, comenzó a escribir sus propias historias, llegando a convertirse no
mucho después en el guionista más justificadamente famoso de los X-Men.
Fue durante su estancia allí cuando presentó la idea para la que iba a ser la última aventura larga que Thomas escribió en “Los Vengadores” y que recuperaba a los robóticos Centinelas de los X-Men. A Claremont le pagaron una suma simbólica y colocaron su nombre en los créditos. En realidad, la presente fue su tercera aportación a un guión Marvel (luego especificaré más), combinando elementos de las dos anteriores. Aún tendría que pasar un año hasta que escribiera en solitario su primer guion, para “Daredevil” nº 102 (agosto 73) y dos mas para que ascendiera a la primera división tomando las riendas de los X-Men (para los cuales recuperará varios de los elementos que veremos aquí, como los Centinelas, el científico Peter Corbeau o la estación Starcore).
Pero no todo este número 102 trata sobre los Centinelas.
Había otra sub
trama que Thomas tenía en mente y que incorporó al principio para
luego aparcarla hasta mejor ocasión –que, al menos por su parte nunca llegó-.
Esto dio lugar a la particularidad de que es un episodio con dos títulos. En la
portada, figura: “Mi Hermano… El Segador”, que hace referencia a lo que ocurre
en las siete primeras páginas. El título que podríamos considerar principal
está colocado nada menos que en las páginas diez y once: “¡Qué Hacer Hasta Que
Lleguen los Centinelas!”, y que es el que desarrolla la idea de Claremont.
Visión se reúne con el Segador en el empobrecido y peligroso
Lower East Side. Este villano había atacado a los Vengadores en los números 52
y 78-79. En su último encontronazo, descubrió la conexión de Visión con su
propio hermano, Simon Williams, alias el Hombre Maravilla, quien murió en el
número 9. De ahí que ahora asegure que él y Visión son también parientes, dado
que la mente de Visión proviene de las pautas cerebrales de Williams. Aunque
ese registro neural se encuentra almacenado en los ordenadores de la Mansión,
es el Segador quien tiene en su poder el
cuerpo físico de Williams. No se
aclara cuándo lo desenterró ni cómo lo está preservando, pero la verdadera
razón para que no se haya descompuesto la revelará Jim Shooter bastante más
tarde, en el número 160 (junio 77). En realidad, descubriremos entonces, no
estaba muerto sino sólo en coma, alimentándose su cuerpo de energía iónica.
Basándose en ese supuesto “parentesco”, el Segador le ofrece un trato a su interlocutor: transferir su cerebro de androide al cuerpo humano del Hombre Maravilla. ¿El precio? Que le ayude a matar a los Vengadores, a quienes el Segador culpa de la muerte de su hermano. Visión se siente tentado porque esa transferencia de mentes le permitiría acercarse a la Bruja Escarlata, pero, aún así, rechaza la oferta, no sin antes aceptar del villano un dispositivo para comunicarse con él si cambia de opinión.
De vuelta en la Mansión de los Vengadores, Ojo de Halcón le
pide de nuevo a Wanda
que se case con él y le roba un beso, un momento
contemplado por Visión que, decepcionado, se marcha sin escuchar que Wanda
rechaza a Clint y admite que está enamorada del androide. Por recapitular,
recordemos que el romance secreto entre Visión y la Bruja Escarlata llevaba ya
algún tiempo cocinándose entre bambalinas. Ambos se confesaron mutuamente su
amor en el número 91, pero luego entraron en modo telenovela. Visión intentó
reprimir sus sentimientos porque creía que un androide no era digno de Wanda.
Cuando por fin se decide a admitir públicamente su amor en el nº 99, Wanda lo
rechaza porque sus sentimientos le habían llevado a negligir su deber como
Vengador. En ese mismo número, Wanda le confiesa sus sentimientos a su hermano
Pietro, y Ojo de Halcón intenta conquistarla. En los dos últimos números,
centrados en la crisis con el Olimpo, no se había hablado mucho del tema, pero
ahora vuelve a cobrar protagonismo.
Ca
be destacar el trabajo que aquí hace Rich Buckler con la
Bruja Escarlata. Con su estilo de nuevo a caballo entre John Buscema y Neal
Adams -y que aquí viene realzado por el entintado del siempre eficaz Joe
Sinnott- actualiza el personaje, vistiéndola a la moda, dándole un nuevo
peinado e incluso mostrándola –a contraluz y en penumbra, eso sí- desnuda tras
salir de la ducha.
La escena salta entonces a la estación espacial Starcore
One. Esa instalación había sido idea de Chris Claremont o, al menos, colaboró
en ella, concretamente para “Hulk” nº 148 (febrero 72), donde ayudó a Archie
Goodwin con el argumento. En ese episodio presentó la Starcore One, utilizada
para estudiar el Sol. Su director, el Dr. Peter Corbeau (que aparecerá en el
siguiente número de “Los Vengadores”), intentó usar el poder del astro para
curar a Hulk (o, mejor dicho, curar a Bruce Banner de ser Hulk). Pues bien, la
estación detecta ahora objetos desconocidos saliendo de la órbita del Sol y
dirigiéndose a la Tierra, un avistamiento que notifican al General Ross en la
Base Hulk-Buster. Sin embargo, el secreto no tarda en filtrarse y es pronto
incluido en los telediarios, uno de los
cuales está siendo visto por los
Vengadores mientras esperan al Capitán América para iniciar su reunión mensual.
La Bruja Escarlata, que no se encuentra de humor a causa de sus sentimientos –ella
cree que no correspondidos- hacia Visión, sale a dar un paseo por Central Park.
Todavia no se sabe la naturaleza de los objetos provenientes del Sol, pero Mercurio tiene sus sospechas –aunque por el momento se las guarda para sí mismo-. Recuerda que fue el Sol el destino de los Centinelas la última vez que se los vió y el estuvo allí para contemplarlo.
Los
Centinelas son robots cazadores de mutantes que Stan Lee
creó para “X-Men” nº 14-16 (noviembre 65-enero 66). En aquel arco argumental se
presentaron tanto el modelo Mark I de esos androides gigantes como el Molde
Maestro y su creador, el Dr. Bolivar Trask. Roy Thomas se hizo cargo de la
colección de los mutantes en su número 20 (mayo 66), pero no recuperó a esos villanos
hasta los números 57 a 59 (junio-agosto 69), donde, apoyado por el maravilloso
dibujo de Neal Adams y Tom Palmer, presentó al modelo Mark II y su responsable,
Larry Trask, el hijo de Bolivar. Después de que intentaran capturar a todos los
mutantes conocidos, se engañó a los Centinelas para que volaran hasta el Sol e
intentaran destruirlo, dado que son las radiaciones de la estrella las que, en
última instancia, causan todas las mutaciones. Precisamente el nº 59 supuso el
debut de Chris Claremont en el mundo del comic como colaborador en la trama.
Pietro participó en aquella aventura y se pregunta qué habrá
sido de los X-Men desde entonces y si la peluda criatura de la que se ha
hablado recientemente será el Hombre-X conocido como Bestia. Y
es que, poco
después del enfrentamiento contra los Centinelas, la colección de los X-Men
llegó a su final en el nº 66 (marzo 70). Desde entonces no se los había visto
mucho por Marvel: en “Vengadores” nº 88, el Profesor X ayudaba a controlar a
Hulk; en “Hulk” nº 150 (abril 72), aparecían Caos y Lorna Dane; y en “Amazing
Spider-Man” nº 92 (enero 71), el trepamuros se las tenía que ver con el Hombre
de Hielo. Y sí, Hank McCoy, la Bestia de los X-Men, es quien se transformó en
una versión peluda de sí mismo en “Amazing Adventures” nº 11 (marzo 72).
A todo esto, Visión contempla melancólico por la ventana cómo Wanda se aleja hacia el parque. Sus ojos robóticos divisan una figura que la sigue desde el cielo. Corre a protegerla ordenándole a Jarvis que sus camaradas se reúnan con él en el parque. El Capitán América llega justo a tiempo para la inminente refriega.
Visión es el primero en enfrentarse contra quien pretende
atrapar a Wanda y que resulta ser uno de los Centinelas venidos del Sol. El
robot analiza rápidamente al androide para determinar la mejor forma de
neutralizarlo, y entonces hace un extraño comentario: “La sonda de rayos X revela una antigüedad de 30 años… y una modificación
posterior, con la adición de una batería solar”. Esas tres décadas de edad
de Visión sitúan entonces su creación en los días de la Segunda Guerra Mundial
(recordemos que estos tebeos se publicaron en los 70). Esto es coherente con las
observaciones del Hombre Hormiga cuando viajó por su interior en el nº 93 y
apunta a la gran revelación que llegará en el nº 135: Ultrón creó a Visión a
partir del cuerpo de la Antorcha Humana original.
Ninguno de los Vengadores es capaz de detener al Centinela,
en parte porque Iron Man y Thor no se atreven a desatar todo su poder por miedo
a dañar a Wanda, a la que el robot tiene en su poder. Impulsándose con sus
cohetes, el Centinela se comunica con el “Número 2” y desaparece a través de un
“salto ultralineal”, que parece ser algún tipo de teletransportación. En el nº 104
se nos informará de que solo el Centinela n.° 2
puede abrir estos portales, lo
cual explica que ahora este robot que ha capturado a Wanda lo llame para
escapar.
El Capi quiere formular un plan para perseguir al Centinela, pero Pietro, furioso, rechaza la ayuda de los Vengadores y decide buscar a los Centinelas en solitario.
Tras aprovechar para la “Guerra Kree-Skrull” la mitología creada por Stan Lee y Jack Kirby para “Los Cuatro Fantásticos”, Thomas dio inicio con este número a una estrategia similar pero relativa a los X-Men y que continuaría su sucesor al frente de la colección, Steve Englehart. Tendremos a los Centinelas hasta el nº 104, seguidos de los mutantes de la Tierra Salvaje en el nº 105. Después, en los nº 110 y 111, aparecerán Magneto y los propios X-Men. Hay que decir, no obstante, que no era la primera vez que los círculos de ambos grupos se cruzaban. Al fin y al cabo, Wanda y Pietro se unieron a los Vengadores en el nº 16; y Magneto –y los X-Men- se pasaron por la colección en los nº 47, 49 y 53.
(Continúa en a la siguiente entrada)

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